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“Es frecuente que, en el consultorio, un paciente se sorprenda porque sus niveles de presión son elevados y refiera que cuando se mide en su casa los registros son normales. Probablemente, ambas mediciones sean correctas, porque la presión arterial fluctúa continuamente, varía cada vez que late el corazón y eso ocurre unas 100 mil veces al día. Esta variabilidad es normal, aunque en algunas personas puede estar incrementada”, detalló el Dr. Daniel Llanos, médico cardiólogo, integrante de la Comisión Directiva de la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA).

Algunos pacientes presentan presión arterial elevada en el consultorio, pero en su vida habitual tienen valores normales. Se da más en mujeres, adultos mayores y no fumadores.

Si el profesional toma como referencia solo esa medición, posiblemente indique un tratamiento farmacológico a quien no lo necesita. Este fenómeno es conocido como ‘hipertensión del guardapolvo blanco’ y su prevalencia alcanza a entre el 20 y el 45% de los casos.

Según la Sociedad Europea de Cardiología, para considerar que se está en presencia de este cuadro, la persona debe presentar mediciones elevadas en tres visitas médicas distintas, al menos dos mediciones con presión normal fuera del consultorio y ausencia de daño en órganos blanco (fundamentalmente, corazón, riñón y cerebro).

“En estos casos, la recomendación es no indicar tratamiento con medicamentos (farmacológico), pero sí sugerir cambios en los hábitos de vida, disminuir la ingesta de sal y visitar con frecuencia al especialista, ya que algunas de estas personas serán más propensas a desarrollar hipertensión arterial en el futuro”, explicó el Dr. Llanos en el marco de una iniciativa de concientización a la comunidad del laboratorio Teva.

Actualmente, se considera que la hipertensión del guardapolvo blanco es una condición no inocente, ya que puede revestir aumento del riesgo cardiovascular. Estudios sugieren que estas personas presentan más chances de sufrir anormalidades metabólicas y su riesgo se encuadraría en algún punto intermedio entre los que no tienen hipertensión y los que la tienen en forma crónica.

En contrapartida, también existe la situación opuesta, en la que alguien sí padece hipertensión, pero cuando se le mide la presión arterial en la consulta médica sus valores son normales. A esta situación se la conoce como ‘hipertensión oculta’.

Tal como sugirió el Dr. Llanos, en estos casos “el riesgo cardiovascular es alto y suele indicarse tratamiento farmacológico. Muchos tienen en consultorio presión arterial limítrofe (“normal-alta”), lo que es más frecuente en hombres, fumadores, personas con diabetes o mucho estrés”.

Para evitar errores diagnósticos y de tratamiento, existen herramientas al alcance de los médicos y los pacientes.

El monitoreo ambulatorio de presión arterial es un registro de 24 horas, medido con un dispositivo automático que el profesional entrega al paciente, quien debe utilizarlo durante un día de vida normal.

Se coloca un brazalete, que viene con un pequeño aparato que se sujeta al cinturón o a una correa y registra mediciones cada 15 minutos durante el día y cada media hora por la noche.

Por otra parte, también se puede indicar un monitoreo domiciliario, en el que el paciente se efectúa múltiples mediciones en su casa durante varios días con un dispositivo que le brinda el médico y siguiendo las indicaciones precisas que éste le indique (tras unos minutos de reposo, sentado, sin cruzar piernas ni brazos, en horarios determinados, etc.). Estos métodos minimizan el margen de error para tomar decisiones como el inicio o no de un tratamiento antihipertensivo.

“La presión arterial está constantemente influida por factores de la vida diaria que la modifican, como la hora, la actividad, la temperatura, el nivel de estrés emocional, algún dolor puntual, la alimentación, la realización de ejercicio físico o la ingesta de determinados medicamentos, entre otros. Por eso, es importante considerar varios registros para evaluarla”, completó el Dr. Llanos.

Según los resultados preliminares de la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, el 40,6% de las personas mayores de 18 años presentó presión arterial elevada. Entre quienes no se sabían hipertensos, 3 de cada 10 presentaron niveles elevados de presión arterial.

 
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La COFA aportó más de 12.000 mediciones en todo el país a la campaña Conoce y Controla tu presión arterial que se desarrolló durante el mes de mayo organizada por la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial.

 

El total de mediciones registradas en la campaña (de mayores de 18 años con 2 mediciones completas y espaciadas) fue de 85.296 personas (edad promedio 61 años). Se consideraron hipertensos a quienes en el promedio de ambas mediciones tuvieron valores iguales o mayores a 140/90mmHg.

Entre las principales conclusiones, se observó que más de 1 de cada 2 personas que se acercaron voluntariamente a conocer sus niveles de presión eran hipertensas (53%), pero, de ellas, el 26,8% ni siquiera lo sabía. Del 73,2% que sí conocía su condición, pese a que la gran mayoría estaba bajo tratamiento (97%), solo 1 de cada 2 (50%) tenía su presión bien controlada.

 

“Uno de los objetivos fundamentales de este relevamiento, que no pretende ser un estudio epidemiológico ni un registro poblacional, radica en concientizar a la población acerca de esta enfermedad tan prevalente. Estimular a las personas a conocer su nivel de presión y de paso acercarles recomendaciones y mensajes de prevención”, sostuvo la doctora Irene Ennis, presidenta de la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial.

 

“En esta edición, llama la atención que el promedio de edad de la población relevada fue alto (61 años) versus 52 años tanto en 2018 como en 2017. Sin embargo, aun en gente mayor, el nivel de desconocimiento de su hipertensión sigue siendo muy elevado (26,8%), lo mismo que la falta de control en aquellos bajo tratamiento. Esto último representa todo un mensaje y un verdadero desafío para la comunidad médica: no estamos detectando a todos los hipertensos, se nos está ‘escapando’ casi 1 de cada 3, y además no estamos siendo eficaces con el tratamiento”, alertó Marcos Marín, médico cardiólogo especialista en Hipertensión Arterial, vicepresidente de la SAHA y Coordinador de la Campaña ‘Conoce y Controla tu Presión Arterial 2019′ de la SAHA.

Según las estadísticas del Ministerio de Salud y Desarrollo Social de la Nación, en 2017 se produjeron en Argentina 90.222 muertes por enfermedades cardiovasculares, de las cuales más de un tercio pudo haberse evitado solamente teniendo la presión controlada en valores normales.

En resumen, la hipertensión arterial se cobra 92 fallecimientos por día en nuestro país y deja mucha gente con discapacidades importantes.

“Sin embargo, como es una enfermedad que no duele ni se ve, muchas veces es ignorada por la gente y, más aún, frecuentemente los médicos no toman la presión en la consulta médica. Dado la alta proporción de hipertensos que desconocen su condición, en cada contacto con el sistema de salud debería controlarse la presión arterial, en todas las especialidades e independientemente del motivo de la consulta”, explicó el médico Martín Salazar, profesor titular de Clínica Médica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata, y secretario de la SAHA.

Y agregó: “Debemos tener en cuenta que, en nuestro país, las enfermedades cardiovasculares constituyen la primera causa de muerte y la presión elevada es el principal factor de riesgo potencialmente modificable”.

Entre las medidas que podrían contribuir a una mayor detección y a un mejor control de la hipertensión arterial, desde la SAHA recomiendan las siguientes:

• Implementar campañas nacionales de prevención y concientización, destacando que la hipertensión es en sí misma una enfermedad que constituye la principal causa de muerte y discapacidad.

• Educación a la comunidad médica para que haga tomas de presión en cada contacto que tenga con un paciente.

• En la misma línea, educación en la población para que las personas les pidan a sus médicos que les tomen la presión. Incluso que tengan un tensiómetro digital en sus domicilios y se realicen auto mediciones periódicamente, fundamentalmente en aquellos con diagnóstico de la afección.

 

• Sin abandonar las medidas higiénico-dietéticas, como comer con menos sal, bajar de peso y realizar ejercicio físico, que son importantísimas y deben recomendarse enfáticamente, entender también que la hipertensión es una enfermedad que la mayoría de las veces necesita complementar los estilos de vida más saludables con la indicación de 1, 2 y hasta 3 medicamentos para mantenerla bajo control.

• Conseguir que los medicamentos antihipertensivos estén al alcance económico de toda la población.

• Insistir en la importancia de la adherencia al tratamiento. Aunque es una dolencia que no se ve ni duele, la hipertensión es una enfermedad que potencialmente produce graves consecuencias para la salud.

“Aquellos países, como Canadá, que han logrado incrementar la detección y el tratamiento de la hipertensión, registraron una disminución significativa en la mortalidad cardiovascular y en los episodios de discapacidad”, concluyó Marín.

 

Acerca de la Campaña Conoce y Controla tu Presión Arterial

La campaña consistió en la realización durante mayo de 2019 de controles voluntarios de presión arterial en personas de todas las provincias de la Argentina. Con la utilización de gazebos o pequeñas estructuras desmontables a la salida de hospitales o centros de salud y otros lugares estratégicos, se invitó a la población a que -en forma voluntaria y totalmente gratuita– se mida la presión arterial y reciba material informativo y consejos saludables. Este año hubo mediciones también en la red de farmacias de la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA).

Para la toma de la presión se utilizaron equipos digitales validados. Existen otros tipos de medidores, como los de mercurio, que desde hace años están prohibidos para su uso, y los tradicionales (aneroides), que deben ser calibrados periódicamente, situación que no suele ocurrir. Por este motivo, se utilizaron únicamente los digitales.

 

Las mediciones fueron realizadas por personal capacitado, como enfermeras, técnicos, asistentes o médicos, para asegurar que se lleven adelante correctamente, los resultados se interpreten con precisión y se les brinden las mejores recomendaciones posibles a los participantes.

En total se realizaron 99.491 registros, pero a los efectos de análisis general se contemplaron solo los de aquellos mayores de 18 años que recibieron dos mediciones completas.

El total neto fue de 85.296 personas (edad promedio 61 años), de las cuales 40.033 resultaron normo tensas (47%) y 45.263 hipertensas (53%). De estas últimas, 12.128 no conocían su condición (26,8%) y 33.135 tenían diagnóstico (73,2%).

De las diagnosticadas, el 97% estaba bajo tratamiento (32.143), 16.092 con su hipertensión bien controlada (50%) y 16.051 (50%) sin controlar su enfermedad. El 3% restante (992 individuos), pese a saberse hipertenso ni siquiera estaba bajo tratamiento.

En total, el 64,42% de los hipertensos (29.171) o bien desconocía su condición de base, o conociéndola no se trataba, o pese a estar bajo tratamiento, no tenía bajo control su hipertensión.

 

 Fuente: Infobae/COFA
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Un ensayo clínico dirigido por el Instituto George para la Salud Global, en Australia, demostró la seguridad y el beneficio potencial de una estrategia para controlar de manera más intensiva la presión arterial en pacientes que reciben tratamiento de “disolución de coagulación” para el accidente cerebrovascular isquémico agudo.

Los científicos descubrieron que los pacientes con accidente cerebrovascular que recibieron una reducción intensa de la presión arterial registraban significativamente menos probabilidades de sufrir hemorragias en el cerebro, un efecto secundario asociado con las personas que reciben tratamiento con terapias para eliminar coágulos conocidas como trombólisis.

El estudio, que involucró a más de 2.000 pacientes de 110 hospitales en 15 países desde 2013 hasta 2018, ha resuelto gran parte de la controversia que rodea el papel de la reducción de la presión arterial en esta afección crítica para demostrar que el tratamiento es seguro y reduce el riesgo de hemorragia grave en el cerebro, que es el principal efecto secundario potencial de los tratamientos que eliminan los coágulos.

Los investigadores evaluaron si la disminución de la presión arterial sistólica (el número más alto en una lectura de presión arterial) a menos de 140 milímetros de mercurio (mm Hg) podría reducir la discapacidad posterior al accidente cerebrovascular y disminuir de manera segura el riesgo de sangrado en el cerebro que al reducir la presión sistólica al objetivo estándar recomendado de menos de 180 mm Hg durante tres días.

 Los hallazgos se presentan simultáneamente en la Conferencia Internacional de Apoplejía de la Asociación Americana del Corazón (AHA)/Asociación Americana de Apoplejía (ASA) y se publican en ‘The Lancet’.
 
Riesgo de sangrado grave tras la terapia anticoagulante
 La mayoría de los accidentes cerebrovasculares son isquémicos y se producen debido a un bloqueo repentino de un vaso sanguíneo en el cerebro. El fármaco anticoagulante, alteplasa (o tPA) y/o inserción de un pequeño dispositivo mecánico en el vaso sanguíneo, a menudo denominado “terapia de reperfusión” para eliminar el bloqueo que causa el coágulo, son tratamientos comprobados para el accidente cerebrovascular isquémico agudo.
A pesar de que estos tratamientos tienen riesgo de sangrado grave, se ha demostrado que reducen el daño cerebral generado por un accidente cerebrovascular isquémico, siempre que se administren pronto después del inicio de los síntomas en pacientes cuidadosamente seleccionados.
El investigador principal del estudio, el profesor Craig Anderson, director ejecutivo de ‘George Institute’, apunta: “Ha habido mucho debate sobre si los beneficios se compensan con los daños potenciales de la disminución intensa de la presión arterial temprano después del inicio del accidente cerebrovascular isquémico agudo. Este estudio ahora muestra claramente que el control de la presión arterial más intensivo que el recomendado actualmente tiene el potencial de hacer que el tratamiento de la trombólisis sea más seguro, al reducir el riesgo de sangrado grave en el cerebro”.   Entre los resultados clave del estudio, cabe destacar que el nivel de discapacidad a los 90 días no difirió entre los grupos de pacientes asignados al tratamiento intensivo y estándar de la presión arterial y significativamente menos pacientes tuvieron un sangrado cerebral después de un tratamiento intensivo en comparación con el tratamiento estándar de la presión arterial.

 

El sangrado grande y grave en el cerebro fue menor con una disminución intensa de la presión arterial y no se identificaron daños por el descenso intenso de la presión arterial. Se requiere más investigación para comprender mejor por qué la reducción del riesgo de sangrado en el cerebro no se tradujo en un mejor resultado general para los pacientes.

Fuente: Europa Press / COFA

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El estudio genético sobre presión arterial más extenso hasta la fecha recopila más de mil regiones implicadas, lo que podría impulsar el desarrollo de medidas preventivas y nuevos tratamientos.

 
 
Un estudio que ha involucrado a más de un millón de participantes desvela 500 nuevas regiones genéticas que influyen en la presión arterial. El trabajo se publica en Nature Genetics y tiene a Mark Caulfield, de la Universidad Queen Mary de Londres, y a Paul Elliott, del Imperial College London, como autores principales.

 

Con estos resultados, las regiones de genes vinculadas a la presión arterial se elevan a más de mil; además, explican casi un tercio de los factores heredados que influyen en los niveles tensionales. También aclara el papel de estos genes, no solo en los vasos sanguíneos, sino en las glándulas suprarrenales y en la grasa corporal.

El profesor Mark Caulfield, director del Centro Barts de Investigación Biomédica del Instituto Nacional británico NIHR, afirma: “Este es el avance más importante en la genética de la presión arterial hasta la fecha. Ahora sabemos que hay más de mil señales genéticas que influyen en nuestra presión arterial. Esto nos proporciona nuevos conocimientos sobre cómo nuestro organismo regula la presión arterial y revela varias nuevas oportunidades para el futuro desarrollo de medicamentos”.

El profesor Roberto Elosua participa en el estudio.
En el estudio, analizaron el ADN de más de un millón de personas (incluidos casi 500.000 de la cohorte Biobanco, de Reino Unido) e hicieron una referencia cruzada de la información genética con los datos de presión arterial. Entre los investigadores que han colaborado en el estudio se encuentra Roberto Elosua, coordinador del Grupo de investigación de Epidemiología y Genética Cardiovascular del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM).

El estudio sugiere algunas dianas potenciales para desarrollar fármacos frente a la hipertensión y también algún que otro reposicionamiento de medicamentos prescritos para otras enfermedades. Por ejemplo, una de las regiones genéticas desveladas es el objetivo del fármaco antidiabético canagliflozina.

También se ha constatado que ciertos genes implicados en la presión arterial lo están en otras patologías; es el caso de APOE y la enfermedad de Alzheimer.

“Con esta información, podríamos calcular el nivel de riesgo genético de una persona para la presión arterial alta a lo largo de su vida. Adoptando un enfoque de medicina de precisión, los médicos podrían dirigir intervenciones tempranas de estilo de vida en aquellos con un riesgo genético alto, como perder peso, reducir el consumo de alcohol y hacer más ejercicio”.

El profesor Paul Elliott, del Imperial College London, asegura que “identificar este tipo de rasgos genéticos nos ayudará cada vez más a dividir a los pacientes en grupos según su riesgo. Al identificar a los pacientes con el mayor riesgo subyacente, podemos ayudarlos a cambiar los factores de estilo de vida que los hacen más propensos a desarrollar enfermedades”, además de posibilitar abordajes específicos preventivos.

Fuente: Diario Médico – España / COFA

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Las variaciones individuales en la composición genética y las bacterias intestinales pueden explicar los diferentes efectos de los antibióticos en la presión arterial, según sugiere un nuevo estudio en ratas publicado en la revista ‘Physiological Genomics’.

La microbiota intestinal es una mezcla de organismos que desempeñan un papel tanto en la salud como en el desarrollo de enfermedades, incluida la hipertensión. Así como los genes de los individuos varían, la microbiota intestinal de cada persona es diversa. Como los antibióticos matan bacterias dañinas para curar infecciones, también pueden eliminar bacterias útiles que mantienen una buena salud.

Debido a que la microbiota intestinal está relacionada con la presión arterial alta de un individuo, investigadores de la Universidad de Toledo (Estados Unidos) explican que “las respuestas hipertensivas individuales a los antibióticos pueden variar según la composición genética y su microbiota”.

El equipo de investigación estudió dos cepas de ratas con una microbiota intestinal diferente, pero con una tendencia genética a la hipertensión. Las ratas Dahl desarrollan hipertensión arterial en respuesta a una dieta rica en sal, mientras que las ratas espontáneamente hipertensas (ratas SHR) se consideran un modelo animal de hipertensión arterial no relacionada con la sal alimentaria.

 Los investigadores trataron ambas cepas con tres antibióticos comunes: la vancomicina, que trata la inflamación y la infección del colon (colitis); minociclina, para las infecciones del tracto urinario, el acné y ciertos tipos de infecciones de transmisión sexual; y neomicina, que se usa para prevenir el colesterol alto y es un ingrediente activo en muchas cremas, ungüentos y gotas para los ojos.El uso de antibióticos causó diferentes respuestas en las ratas Dahl y SHR, incluida la forma en que cada fármaco afectaba a su presión arterial. La presión arterial sistólica (la fuerza de la sangre que empuja las arterias mientras el corazón late) aumentó en las ratas Dahl cuando se trató con minociclina y neomicina, pero no cuando se administró vancomicina.

 

La minociclina también provocó que la presión arterial diastólica (la presión en las arterias mientras el corazón está en reposo) aumentara en las ratas Dahl. Las ratas SHR tratadas con cualquiera de los antibióticos experimentaron una caída en la presión arterial sistólica, o ningún cambio, como con la neomicina. De acuerdo con el criterio de los investigadores, estos hallazgos sugieren que la composición genética juega “un papel importante” en cómo la presión arterial se verá afectada por el tratamiento con antibióticos. “Esto resalta la importancia de nuevos estudios para determinar el mecanismo detrás de estos diferentes efectos, y también plantea la cuestión de la seguridad en el uso de antibióticos por parte de pacientes con dolencias como la hipertensión”, concluyen.

Fuente: Europa Press / COFA

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