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"Cambiar las 'miradas' sobre la obesidad permite lograr un abordaje más integral de este verdadero problema de salud pública, pero es necesario un cambio conjunto por parte de las personas con obesidad, sus familiares y amigos, y también de aquellos que juzgan y estigmatizan al otro, y que a veces inclusive son quienes tienen a su cargo la atención y la posibilidad de incidir sobre políticas públicas", afirmaron desde la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN).

La pandemia puso en evidencia el riesgo que tener obesidad representa para la salud, porque hoy sabemos que es uno de los principales factores de riesgo de desarrollar cuadros graves de COVID-19.A pesar de esto, nuestro país fue uno de los que más subió de peso en este último año y medio.

"Es definitivamente un problema de salud pública en alza, tanto en nuestro país como en el mundo. Por eso, tenemos el compromiso de contribuir a adoptar una mirada amplia para abordarla exitosamente", sostuvo la Dra. Miriam Tonietti, presidente de la Sociedad Argentina de Nutrición.

En este contexto, la SAN lanzó, en colaboración con el laboratorio Novo Nordisk, la campaña en redes sociales y medios digitales #LaSaludeselModelo, que propone cambiar las miradas frente a la obesidad para concientizar sobre la dimensión del impacto que esta enfermedad tiene y el rol que pueden cumplir los médicos especialistas y todos los integrantes del equipo interdisciplinario, como aliados en los programas para el manejo y control del peso. La propuesta de cambiar miradas se refiere a algunas de las siguientes:

La propia mirada de la persona con obesidad: Es un error considerar a la obesidad como un tema meramente estético, que afecta la autoestima y que nada puede hacerse al respecto más que aceptarse. Quererse a sí mismo representa también hacerse responsable de la propia salud, cuidándola y reconociendo que la obesidad es una enfermedad crónica asociada a más de 60 condiciones que ponen en riesgo la salud actual y futura. La obesidad incrementa el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes, trastornos en las articulaciones, en la fertilidad y aumenta las chances de desarrollar varios tipos de cáncer, entre otras consecuencias posibles.

En ocasiones hay una mirada que subestima el problema: una investigación arrojó que 6 de cada 10 personas con obesidad se consideran solo con 'algo de sobrepeso', aun cuando no es un aspecto subjetivo, sino que esta enfermedad se define por el cálculo del índice de masa corporal, a partir del peso y la altura de cada uno.

Errores en la propia percepción pueden generar una apreciación equivocada de las consecuencias y atentar contra el adecuado manejo, al postergar o no concretar la consulta médica, primer paso para iniciar un abordaje integral.

La mirada de corto plazo: esa que pone metas inalcanzables, como bajar 20 kilos para llegar al verano, que solo hace que se caiga en dietas mágicas, peligrosas y productos con promesas irrealizables que defraudarán y, muy probablemente, generen efecto rebote e, inclusive, pongan en riesgo la salud.

Como enfermedad crónica que es, la obesidad requiere de un abordaje en el largo plazo. Es necesario entender que, para lograr un control de esta enfermedad, la persona debe transitar un camino largo que incluya realizar cambios en el estilo de vida habitual, con resultados que irán ocurriendo lentamente, pero que, si se dan esos pasos firmes, es más factible que puedan sostener los beneficios en el tiempo.

La mirada de la persona sin obesidad: para el que no tiene obesidad o sobrepeso es difícil entender la relación entre la persona con obesidad y la comida, las emociones, la autoestima y el metabolismo, entre otros aspectos. Cuesta dimensionar la dificultad de lograr un peso corporal saludable y sostenerlo a largo plazo, y no considerar que es un tema de voluntad, que se resuelve únicamente con 'cerrar la boca' y 'moverse más'.

En la obesidad intervienen factores genéticos y ambientales. Los dos más conocidos son la ingesta excesiva de energía y un estilo de vida sedentario. Sin embargo, existen otros -solo por citar algunos- como la falta de sueño, los cambios hormonales, la microbiota intestinal y la cesación tabáquica, además de factores psicosociales como la ansiedad, el estrés y la depresión.

La mirada de quien estigmatiza: con la mirada, al señalar, al estigmatizar, discriminar y usar determinadas palabras hostiles puede hacerse mucho daño a las personas con obesidad. "Es claro el ejemplo de lo que sucede en la escuela y las burlas al niño o adolescente con sobrepeso; éste es un patrón que, de algún modo, puede sostenerse por el resto de la vida, impactando en el desarrollo laboral, en las relaciones personales y en la vida social de todos los días.

La persona con obesidad (al igual que la que no tiene esta enfermedad) necesita comprensión, empatía y aceptación, que se la valore por lo que es y, si es necesario, se la ayude con las medidas adecuadas para hacer frente a su condición", explicaron desde SAN.

La mirada del profesional de la salud: un estudio mostró que inclusive los profesionales de la salud que tratan la obesidad a veces subestiman el problema y consideran que sus pacientes no tienen la motivación necesaria o verdadera intención de bajar de peso.

"Sin darnos cuenta, caemos también en una trampa cuando en realidad somos conscientes de que es una enfermedad muy difícil de abordar y, posiblemente, involuntariamente estemos contribuyendo a que los resultados no sean los esperados", agregó la Dra. Tonietti.   

La mirada de los decisores de políticas públicas: El manejo de la obesidad requiere medidas concretas e integrales que regulen la producción, distribución y publicidad de alimentos, que promuevan la vida activa, acerquen la actividad física a la gente y reconozcan la cobertura del tratamiento de la obesidad como lo hacen con cualquier otra enfermedad crónica no transmisible, y ayuden a educar desde las primeras etapas de la vida para que aprendamos a comprar mejores alimentos, a cocinar más sano y a procurar llevar estilos de vida más saludables.

En Argentina, la prevalencia de exceso de peso (sobrepeso + obesidad), según la 4a edición de la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (presentada en 2019), fue de 61,6%, comparativamente superior a la 3a edición (57,9% en 2015), con una tendencia que se mantuvo en ascenso alarmante en relación con los relevamientos anteriores.

En menores de 18, las cifras no son mucho más adelantadoras: 41.1% es la cifra de exceso de peso para los niños entre 5 y 18 años y 10% en los menores de 5.3 Además, en los últimos 20 años, la prevalencia global de obesidad en niños y adolescentes se duplicó pasando de 1 en 10 a 1 en 5; más de 124 millones tienen obesidad en el mundo.

#LaSaludeselModelo propone que sea el impacto en la salud el eje central de la discusión alrededor de la obesidad, y no la estética, por eso el juego de palabras con el mundo del modelaje, que asocia delgadez con belleza y corre el eje hacia un aspecto menos relevante del peso corporal deseable.

"Todos debemos comprender que la obesidad es una enfermedad y, por tanto, actuar en consecuencia. Con esta mirada, el problema de la obesidad alcanzará la dimensión que merece y contribuiremos a que más personas logren obtener y mantener un peso corporal saludable y una mejor calidad de vida", concluyó la Dra. Miriam Tonietti.

 

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Lunes, 08 Marzo 2021 17:37

Obesidad y Covid-19, el peso es la clave

La conocida encuesta de enero de este año de Ipsos que reveló en un estudio el impacto de la pandemia en la alimentación y la salud, donde se especifica que a nivel mundial la media de kilos ganados se sitúa en 6,1 kilos desde la llegada de la COVID-19, se une el reto de afrontar nuevas olas de pandemia y otras cepas.

Las complicaciones son triples según un documento presentado por especialistas de la Universidad de Navarra: la obesidad eleva en casi un 50% la probabilidad de infectarse por Covid-19, duplica la probabilidad de ser ingresado en un hospital y eleva en un 48% la mortalidad. Con esos datos, parece indiscutible que nunca ha sido tan necesario como ahora protegerse y volver al peso saludable.

Lo grave del asunto es que el número de obesos en el mundo se ha incrementado desde unos 100 millones en 1975 a 700 millones actualmente. La pandemia de coronavirus pasará a la historia, pero desaparecerá; la de obesidad parece que está aquí para quedarse.

 

La herencia silenciosa

La mejor evaluación del daño que hace el exceso de peso la proporciona el “Global Burden of Disease” (GBD-2017). En este estudio valoraron a 68,5 millones de niños y adultos en 195 países entre 1980 y 2015, y cuantificaron la carga de enfermedad relacionada con un alto índice de masa corporal (IMC). Concluyeron que nada menos que 4 millones de muertes anuales en el mundo se debían al alto IMC.

Aunque el IMC no es un indicador perfecto, ya que puede elevarse en personas con mucha masa muscular, es el más usado y práctico. Se calcula dividiendo el peso (en kilos) entre la talla (en metros) elevada al cuadrado. Así, una persona que pese 80 kg y mida 1,70 m tendrá un IMC de 27,68 (porque 80 entre 1,7 al cuadrado es igual a 27,68).

Lo ideal es que el IMC esté aproximadamente en 22. El sobrepeso se define como un IMC superior a 25 y la obesidad, a 30. En el estudio GBD-2017, casi el 40% del exceso de muertes se daba en personas con sobrepeso u obesidad.

“Podríamos seguir por décadas hablando de genes y moléculas, buscando los culpables de la obesidad, mientras se constata lo mal que se están ejerciendo las acciones más básicas de prevención y salud pública -explica Miguel Martínez González, uno de los especialistas de la Universidad de Navarra a cargo del informe-. La paradoja es que en ningún otro país se ha investigado tanto en estos genes y moléculas como en EEUU, que es donde más suben las tasas de obesidad mórbida. Uno de cada 12 estadounidenses ya es candidato a cirugía bariátrica, popularmente conocida como reducción de estómago.

No hay que engañarse culpando a genes y moléculas. La rama no puede tapar el bosque. Lo que hay que hacer es comer menos. Hace falta fuerza de voluntad, empeño, libre decisión, control y más. Pero esto parece cada vez más difícil en una cultura dominada por un materialismo atroz y donde los ciudadanos son poco más que minions o títeres en manos de poderosos intereses comerciales de esas grandes corporaciones que venden comida y bebida basura.

El reto de superar la obesidad no es solo fisiológico, sino psicológico y cultural. Una cultura consumista y hedonista deja indefenso al ciudadano y propicia las conductas obesogénicas. Quizás falta decisión, valentía y radicalidad para confrontar en sus raíces un profundo déficit cultural.

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Los resultados de una investigación internacional demostraron que muchas personas con obesidad consideran que solamente tienen sobrepeso, lo que podría generar una subestimación de las consecuencias y afectar su manejo a escala mundial.

Entre otras conclusiones, se vio que 6 de cada 10 (62%) personas con obesidad grado 1, es decir, con índice de masa corporal (IMC) entre 30 y 34,9 kg/m2, consideraban que solamente tenían sobrepeso. Lo mismo pensaba el 31% de quienes tenían obesidad grado 2 (IMC entre 35 y 39,9 kg/m2) y 1 de cada 4 (25%) de los que presentaban grado 3 (IMC de más de 40 kg/m2).

Estos resultados, presentados en el marco del Congreso Europeo y Mundial sobre Obesidad (ECO-ICO), corresponden a las nuevas conclusiones del estudio ACTION IO, una investigación que relevó a más de 14.500 personas con obesidad y casi 2.800 profesionales de la salud de 11 países.

 "Este error de percepción podría desalentar a que una persona con obesidad busque el apoyo que necesita para perder peso efectivamente o para tratar complicaciones ligadas a la enfermedad", sostuvo la Dra. Susana Gutt, Médica especialista en Nutrición y miembro titular de la Sociedad Argentina de Nutrición.

Hay diferencias clave entre hombres y mujeres respecto del grado de comodidad que experimentan a la hora de hablar del peso, el manejo de la condición y las motivaciones y se destaca la necesidad de lograr tratamientos a medida para mejorar el abordaje de la enfermedad.

Entre las personas con obesidad, los hombres son más propensos a desarrollar complicaciones cardiometabólicas (10% versus 4%), mientras que las mujeres tienen el doble de posibilidades de padecer ansiedad o depresión (28% versus 14%). Por otra parte, la mujer es más propensa a realizar múltiples intentos para bajar de peso (promedio de 4,6 veces versus 3,1) y probar tratamientos médicos o quirúrgicos, pero el 75% recupera el peso a los 6 meses comparado con más de la mitad en el caso de los hombres.

"El estudio también reveló que es apremiante intervenir en forma más temprana, ya que los problemas de sobrepeso antes de los 20 años de edad están asociados a una mayor gravedad de la enfermedad y sentimientos de desesperanza", agregó la Dra. Gutt.

La rama de participantes más jóvenes tenía, en proporción, más obesidad grado 2 (23% versus 16%) y 3 (18% versus 11%) en comparación con quienes no eran obesos desde una edad temprana. Casi la mitad de las personas con obesidad a más temprana edad manifestaron sentir que no eran capaces de superar sus problemas de peso y el 40% expresó que sus vidas están regidas por el control de peso.

"Estos hallazgos permiten entender mejor cuáles son las barreras que obstaculizan el tratamiento efectivo de esta condición y destacan cómo la percepción, las actitudes y las conductas de las personas con obesidad afectan su abordaje. Comprender mejor el manejo de esta condición es sumamente importante, especialmente cuando el índice de obesidad se triplicó desde 1975 a nivel mundial y más aún ahora que la pandemia de COVID-19 expuso la falta de tratamiento de obesidad, una enfermedad inflamatoria crónica que puede afectar negativamente el curso de una infección por este virus", sugirió la Dra. Juliana Mociulsky, Médica Endocrinóloga, jefa de la sección Nutrición del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA).

 "La reciente pandemia de COVID-19 nos mostró lo importante que es que entendamos a la obesidad como una enfermedad en toda la extensión de la palabra. Estos hallazgos destacan que sigue siendo subestimada con interpretaciones erróneas profundamente instaladas en la sociedad y en la comunidad médica", comentó la Dra. Mociulsky.

"Ante el mayor impacto de la obesidad, y dado que la enfermedad es más difícil de tratar si comienza a edad temprana, tenemos que promover que los profesionales de la salud intervengan antes con tratamientos a la medida de las necesidades y conductas de cada paciente para lograr mejores resultados en personas que viven con obesidad", agregó.

Muchos países reconocen a esta condición como una enfermedad crónica. No obstante, los médicos que no son especialistas en el tema no siempre la consideran tan grave como otras. Esta percepción también puede impedir que se priorice su tratamiento y se apoye a las personas que viven con esta enfermedad.

 

Acerca de ACTION IO

ACTION IO (en inglés, Awareness, Care, and Treatment In Obesity MaNagement – an International Observation) es el ensayo de mayor escala de su clase que investiga las barreras en el manejo de la obesidad desde la perspectiva médica y de las personas con obesidad. El estudio encuestó a más de 14.500 personas con obesidad y casi 2.800 médicos de 11 países, incluyendo Australia, Chile, Israel, Italia, Japón, México, Arabia Saudita, Corea del Sur, España, Emiratos Árabes Unidos y Reino Unido. El ensayo ACTION-IO complementa la información valiosa obtenida en los estudios ACTION que se realizaron en los Estados Unidos y en Canadá y contribuyó a crear un panorama integral de las barreras en el tratamiento de la obesidad en la población mundial y a tener un perfil detallado por país que guíe el abordaje de la obesidad. Los estudios ACTION-IO y ACTION realizados en EE.UU. y Canadá contaron con el auspicio y financiamiento de Novo Nordisk.

 

Acerca de la obesidad

La obesidad es una enfermedad crónica que requiere tratamiento a largo plazo. Está asociada con secuelas graves para la salud y con una menor expectativa de vida. Las complicaciones asociadas con la obesidad son enfermedades como la diabetes tipo 2, enfermedad coronaria, hipertensión, dislipidemia, apnea obstructiva del sueño, enfermedad renal crónica, enfermedad del hígado graso no alcohólico y cáncer. Es una enfermedad multifactorial que está influenciada por factores psicológicos, psicosociales, ambientales, socioeconómicos y genéticos. El aumento de la prevalencia de la obesidad a nivel mundial es un problema de salud pública que tiene grandes costos e implicancias en el sistema de salud. En 2016, se registraba un 13% de personas adultas con obesidad en el mundo, lo que equivale a unas 650 millones de personas aproximadamente.

 

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Medicamentos que se desarrollaron para tratar la enfermedad de Alzheimer podrían ser rediseñados para prevenir, o incluso revertir, el daño causado a los vasos sanguíneos en personas obesas o que padecen diabetes tipo 2, según publican los investigadores en ‘The Journal of Clinical Investigation’.

Las personas que padecen síndrome metabólico, que incluye diabetes tipo 2, presión arterial alta, colesterol alto y obesidad, tienen un endurecimiento de los vasos sanguíneos que los pone en mayor riesgo de un ataque cardíaco o un derrame cerebral.

En un avance, los científicos de la Universidad de Leeds y la Universidad de Dundee, en Reino Unido, han descubierto un mecanismo clave que desencadena cambios en los vasos sanguíneos, que eventualmente pueden conducir a enfermedades cardiovasculares.

Comienza cuando las personas comienzan a producir en exceso una enzima llamada BACE1 que a su vez crea una proteína llamada beta amiloide. Los niveles elevados de beta amiloide están asociados con daños en el revestimiento de la superficie de los vasos sanguíneos, el endotelio. Esto interrumpe el funcionamiento normal de los vasos sanguíneos que conduce a la hipertensión arterial y la aterosclerosis, la acumulación de placa a lo largo de las paredes de los vasos sanguíneos.

Las personas que viven con diabetes tienen un mayor riesgo de ataques cardíacos o derrames cerebrales, pero aún no sabemos exactamente por qué. La nueva investigación ayuda a arrojar luz sobre la conexión.

«Si la enzima BACE1 es responsable de este mayor riesgo, representa un objetivo prometedor para nuevos tratamientos, lo que podría ayudar a las personas con diabetes a vivir vidas más largas y saludables», añade.

Los hallazgos son la culminación de ocho años de investigación, que comenzaron en Dundee y luego se expandieron a Leeds e involucraron estudios en humanos y animales.

Las investigaciones en animales analizaron el efecto de un compuesto experimental llamado M-3, que detiene las acciones de BACE1. En estudios en ratones obesos o con diabetes, se demostró que no solo detiene la enfermedad en los vasos sanguíneos, sino que la revierte.

El doctor Paul Meakin, miembro académico de la Universidad del Instituto de Medicina Cardiovascular y Metabólica de Leeds y autor principal del artículo, señala que «los efectos terapéuticos del compuesto experimental fueron marcados, y se revirtió la progresión de la enfermedad en los vasos sanguíneos gravemente dañados».

«A veces, en la ciencia, se miran los datos que se producen y hay indicios de algo allí, pero los efectos que observamos fueron dramáticos –agrega–. Y lo más emocionante es que hay medicamentos que pueden dirigirse a la enzima BACE1».

«Abre la posibilidad de que los científicos puedan desarrollar un medicamento que inhiba las acciones de BACE1, con la evidencia que sugiere que no solo puede detener el progreso de la enfermedad en los vasos sanguíneos, sino que podría revertirlo», apostilla.

BACE1 ha captado anteriormente la atención de la industria farmacéutica debido a su papel en el desarrollo de otra enfermedad importante, la enfermedad de Alzheimer, ya que está directamente relacionado con el desarrollo de placas beta amiloides que se encuentran en los cerebros de las personas que murieron con la afección.

Las compañías farmacéuticas han comenzado a desarrollar inhibidores de BACE1 que hasta ahora, han sido ineficaces para combatir el Alzheimer.

Mike Ashford, profesor de neurociencia en la Universidad de Dundee, supervisó la investigación que acaba de publicarse y destaca que este trabajo «demuestra que un proceso biológico anormal temprano, que está fuertemente relacionado con la enfermedad de Alzheimer, puede ser responsable de la enfermedad vascular y la hipertensión en personas con obesidad y diabetes».

«Estos hallazgos sugieren la posibilidad emocionante de que los medicamentos existentes que desafortunadamente no hayan mostrado ningún beneficio en los ensayos clínicos para la enfermedad de Alzheimer, se puedan usar para tratar la enfermedad vascular en este grupo de personas», añade.

El profesor Jeremy Pearson, director médico asociado de la Fundación Británica del Corazón, recuerda que «el daño a los vasos sanguíneos causado por la diabetes acelera y empeora las enfermedades circulatorias y cardíacas. Estos hallazgos identifican una nueva vía dañina que ya está dirigida por un medicamento en desarrollo para el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer», añade.

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Martes, 15 Octubre 2019 15:13

La estigmatización de la persona con obesidad

"La estigmatización de la persona con obesidad afecta todas las facetas de su desarrollo personal: dificulta sus relaciones y su inserción social, su progreso académico y profesional". Esta afirmación fue realizada por los Dres. Mónica Katz, presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN) y Alberto Cormillot, Diplomado en Enfermedades Crónicas y Director de la Carrera de Nutrición de la Universidad Isalud.

“Llamativamente, las personas con exceso de peso son las que menos denuncian discriminación, a pesar de que se encuentran a la cabeza de la percepción general como uno de los grupos más discriminados”, consignó la Dra. Mónica Katz. “Habitualmente son estereotipados como vagos y con poca voluntad para encarar un tratamiento de descenso de peso. El problema es que no se trata solo de saber lo que hay que hacer, sino de poder hacer lo que se sabe que hay que hacer”, completó el Dr. Alberto Cormillot.

Durante un encuentro con los medios de prensa organizado por el laboratorio Novo Nordisk, los especialistas insistieron en que la obesidad es una enfermedad crónica, compleja, con desencadenantes genéticos, fisiológicos, metabólicos, ambientales, sociales y psicológicos, que incrementa el riesgo de desarrollar en el tiempo un amplio número de enfermedades que involucran prácticamente a todos los órganos y procesos fisiológicos de nuestro cuerpo, deteriorando la calidad de vida y aumentando la mortalidad.

Solo por citar las principales, mencionaron la resistencia a la insulina y diabetes tipo 2, alteraciones en los lípidos, hipertensión arterial, infarto y accidente cerebrovascular (ACV), problemas articulares (artrosis), hígado graso, depresión, ansiedad, enfermedades pulmonares y algunos tipos de cáncer (colon, útero, mama, riñón, ovario, páncreas, próstata, esófago, hígado y algunos tipos de linfoma).

“Contar con alimentos disponibles en el hogar de mejor calidad nutritiva, comer lento con bocados chicos y masticando mucho, no discutir durante la ingesta, hacer tangible el volumen de la comida, por ejemplo fotografiando el plato, tener en cuenta que ‘no es la última cena’ y recordar que ‘elegimos ser saludables’, son algunos de los consejos que solemos recomendar en nuestra práctica diaria, pero nunca prohibiendo un alimento en particular, ya que las prohibiciones lo único que generan son incertidumbre y mayor deseo”, graficó la Dra. Mónica Katz.

“El plato de los argentinos debe contener porciones más pequeñas, mayor cantidad de legumbres, hortalizas y frutas y verduras en general, alimentos aireados (como suflés o batidos) y fundamentalmente evitar la sal, los azúcares agregados, el alcohol y las grasas saturadas. Ayuda también distribuir la ingesta en el tiempo a modo de colaciones cada 2 ó 3 horas”, sostuvo el Dr. Alberto Cormillot.

Ambos coincidieron en la importancia de reconocer al exceso de peso (que engloba al sobrepeso y la obesidad) como una enfermedad crónica que debe ser tratada de por vida con un seguimiento a cargo de profesionales de la salud.

“Llamativamente, hoy tenemos que enfrentar al ‘intrusismo’, que es el ejercicio de una actividad pseudoprofesional a cargo de personas que no están matriculadas ni entrenadas para hacerlo. Seguir sus consejos contribuye a perpetuar las causas de la obesidad y desalienta la visita al médico o al nutricionista, que son los profesionales preparados para atender la enfermedad”, precisó la Dra. Katz.

Para el Dr. Cormillot algunas personas prefieren escuchar ‘un relato’ que les resulta atractivo, en lugar de atenerse al pensamiento científico comprobado. Allí aparecen dietas en base a un solo grupo de alimentos o se demonizan otros y se los deja de consumir renunciando a los nutrientes que estos aportan.

“Al momento de enfrentarse con un alimento, compiten el pensamiento rápido con el pensamiento lento. El primero es impulsivo y buscará llevarse el alimento a la boca, el segundo es más reflexivo y sabrá asumir cuándo ha sido suficiente. El punto está en lograr que prevalezca el pensamiento lento y entender que no debe predominar lo que más me gusta, sino lo que más me importa”, insistió.

Con respecto al tratamiento farmacológico, remarcaron que afortunadamente hoy se dispone de varias alternativas de medicamentos efectivos que, recetados por un médico y con su estricto seguimiento, pueden contribuir al éxito, pero siempre sumados a un cambio en el estilo de vida que incluya una alimentación balanceada y un programa sistemático de actividad física.

En cuanto a la composición de los alimentos, el Dr. Cormillot subrayó que “sin ninguna duda la reformulación de los alimentos y la reducción de las porciones son medidas inevitables y urgentes”. Mientras que la Dra. Katz agregó que “la industria debería producir alimentos que generen mayor saciedad en base a un mayor contenido de fibras, proteínas, agua y aire”.

Finalmente, al referirse a la obesidad como disciplina, ambos destacaron que es una especialidad de frontera: “no alcanza con ser nutricionista, endocrinólogo, diabetólogo, psicólogo o deportólogo; es necesario capacitarse para tratar el exceso de peso”, afirmaron, al tiempo que aprovecharon para criticar enfáticamente a las dietas restrictivas, de menos de mil calorías diarias, que solo generan ‘efecto rebote’.

 
 
 
 
 
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Un estudio de la agencia de investigación médica de los NIH (Institutos Nacionales de la Salud) de Estados Unidos sugiere que el fármaco colchicina, utilizado para tratar la gota de afección artrítica, podría reducir las complicaciones que acompañan al síndrome metabólico, una combinación de presión arterial alta, niveles de glucosa en sangre alta y otras afecciones que aumentan el riesgo de enfermedad cardiaca y diabetes tipo 2.

Estudios anteriores han indicado que la inflamación de todo el sistema que se produce en la obesidad desempeña un papel en el desarrollo de la diabetes tipo 2. En el estudio actual, los investigadores dirigidos por Jack A. Yanovsky, del Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano (NICHD), y Eunice Kennedy Shriver de los NIH, asignaron al azar a 21 participantes del estudio a recibir colchicina dos veces al día durante tres meses, mientras que 19 participantes recibieron un placebo. La colchicina suprime un complejo de proteínas múltiples llamado NLRP3, que desencadena la inflamación que se observa en la obesidad.

Los investigadores observaron cómo funcionaba la insulina en el cuerpo para eliminar el azúcar en la sangre (resistencia a la insulina). El resultado, publicado en ‘Diabetes, Endocrinology, and Metabolism’, fue que no hubo diferencia en los dos grupos en la resistencia a la insulina determinada por una medida del uso de insulina (la prueba de tolerancia a la glucosa intravenosa modificada con insulina y frecuentemente muestreada).

Sin embargo, el grupo de cochicina mostró una mejoría en la evaluación del modelo homeostático de resistencia a la insulina, que también estima la cantidad de insulina necesaria para mantener el azúcar en la sangre a un nivel normal durante el ayuno. Aquellos en el grupo de colchicina también obtuvieron calificaciones más bajas en un análisis de sangre de proteína C reactiva y otras pruebas que indican inflamación.

A pesar de los resultados los autores concluyeron que se necesitan estudios más amplios para determinar si la colchicina podría prevenir el desarrollo de diabetes tipo 2 en personas con síndrome metabólico.

Fuente: Europa Press / COFA

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El 14 de noviembre se conmemora el Día Mundial de la Diabetes, una ocasión para concientizar sobre la importancia de prevenir, diagnosticar y controlar adecuadamente esta condición que afecta a más de 425 millones de adultos a nivel global, lo que implica 1 de cada 11 individuos, estadística cercana a la que presenta nuestro país, adonde afecta al 9,8 de los mayores de 18 años.

Según un informe del año 2017, publicado por la Federación Internacional de Diabetes, la mitad de quienes viven con diabetes no lo sabe. En este sentido, los especialistas llamaron a prestar atención a los factores que predisponen a desarrollar diabetes, en esta oportunidad haciendo foco en uno en particular, la obesidad que demostró incrementar por veinte el riesgo de contraer diabetes tipo 21: “el sobrepeso y la obesidad representan una verdadera preocupación en el plano de la salud pública. Cada vez afecta a más personas, con múltiples consecuencias, como un incremento de las afecciones cardiovasculares, neurológicas, cáncer y, por supuesto, diabetes tipo 2” , aseveró el Dr. Alberto Cormillot, médico diplomado en Enfermedades Crónicas No Transmisibles.

7 de cada 10 casos de diabetes tipo 2 podrían prevenirse o demorarse si las personas prestaran más atención a ciertas conductas como tener una mejor alimentación, realizar actividad física y llevar una vida más activa.

“Debemos poner el foco en la prevención. Está claro que, con los ritmos actuales, hacerse el tiempo para realizar actividad física y comer sano puede parecer difícil. Sin embargo, cuando tomamos conciencia de que lo que está en juego es nuestra calidad de vida a largo plazo, podemos empezar a comprender la importancia de realizar pequeños cambios que nos encaminen hacia hábitos de vida más saludables”, destacó la Dra. Graciela Fuente, médica especialista en Nutrición, jefa de la Unidad de Nutrición del Hospital Durand.

Es importante la detección temprana de niveles elevados de glucosa en sangre, de manera de poder frenar a tiempo o demorar el desarrollo de diabetes tipo 2. Esto sólo se logra si la gente se realiza chequeos anuales de los principales factores de riesgo cardiovascular, que son análisis sencillos y disponibles en cualquier hospital o centro de salud.

El médico tratante indicará con qué frecuencia deben realizarse controles, pero deberán hacerlo particularmente quienes presenten factores de riesgo como sobrepeso u obesidad, tengan más de 40 años, cuenten con antecedentes familiares, hayan tenido diabetes durante el embarazo o hayan dado a luz a un hijo de más de 4 kilos al nacer, y quienes presenten síndrome metabólico (hipertensión, alteraciones en las grasas de la sangre, perímetro de cintura elevado, etc.).

“Debemos concientizar sobre esta condición tan prevalente los 365 días del año, sin necesidad de esperar al Día Mundial cada noviembre, aunque claramente representa una oportunidad inmejorable para llevar adelante iniciativas que llamen la atención de la comunidad y promuevan la medición de la glucemia y la visita periódica al médico”, explicó el Dr. Cormillot.

La diabetes es una enfermedad que se produce cuando el páncreas no puede producir insulina o cuando el organismo no la utiliza correctamente. La insulina es una hormona que permite que la glucosa en sangre pase a las células del cuerpo en forma de energía. Si no funciona correctamente, la glucosa se acumula en la sangre y con el tiempo puede ocasionar daños irreversibles en vasos sanguíneos, órganos y tejidos.

Las formas más comunes son la diabetes tipo 1 y la tipo 2. La primera se presenta, por lo general, en etapas tempranas de la vida (aunque puede comenzar a cualquier edad)  y no se puede prevenir aún. Como el organismo no produce insulina, ésta debe ser administrada todos los días. En cambio, la diabetes tipo 2, que es la más frecuente, en muchos casos se puede prevenir o demorar llevando una vida saludable. Afecta generalmente a mayores de 40 que presentan sobrepeso u obesidad y son sedentarios, observándose que la edad de comienzo va adelantándose, ya que existe diabetes tipo 2 en niños y adolescentes.

Carpa en Plaza Juvenilia

Como una de las iniciativas para contribuir a llamar la atención de la comunidad y promover que controlen su salud y su probabilidad de presentar diabetes, el miércoles 14 de noviembre de 9 a 18 hs se llevará adelante un evento en la Plaza Juvenilia, ubicada en Marcelo T de Alvear al 600 (y Florida), en la Ciudad de Buenos Aires. Habrá mediciones gratuitas de glucemia, perímetro de cintura, tensión arterial y de índice de masa corporal (IMC); se brindarán charlas, distribuirá información y participarán distintos referentes de diabetes y obesidad.  

Participarán de esta iniciativa la Federación Argentina de Diabetes (FAD), la Liga Argentina de Protección al Diabético (LAPDI), y la Asociación de Lucha Contra la Obesidad (ALCO).

También estará presente Emanuel Mini, un ciclista, oriundo de San Luis, que integra el Team Novo Nordisk, el primer y único equipo profesional de ciclistas con diabetes que compite internacionalmente de igual a igual en las carreras más importantes del mundo. Compartirá su testimonio de vida y contará cómo es tener diabetes y ser un deportista de alta competencia.

“Con un adecuado control y seguimiento médico, siendo aplicado y consciente de nuestra condición, llevando una vida saludable con prácticas deportivas y el apoyo de mi familia, entiendo que la condición de tener diabetes tipo 1 no me ponía ningún freno: logré superar todas mis expectativas y cumplir uno de mis sueños que era ser parte de la elite del ciclismo, lo que me llena de orgullo”, sostuvo Emanuel Mini.

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Por primera vez en más de 20 años se presentó en el país una alternativa farmacológica, respaldada por numerosas investigaciones científicas, contra la enfermedad.

Este nuevo medicamento se administra en forma inyectable mediante una lapicera prellenada. Es un análogo del GLP-1, una hormona que el organismo libera en el intestino después de comer. Actúa sobre los receptores del cerebro que controlan el apetito y la saciedad, lo que resulta en una menor ingesta de alimentos y la consecuente pérdida de peso.

La obesidad es una condición crónica que se asocia con el desarrollo en el tiempo de serias comorbilidades como hipertensión, diabetes tipo 2, trastornos en los lípidos, ciertos tipos de cáncer y una reducción de la expectativa de vida. Estos riesgos se incrementan en los casos de obesidad mórbida (IMC mayor de 35). Es una enfermedad compleja y multifactorial en la que confluyen factores genéticos, psicosociales, de comportamiento y psicológicos.

En la Argentina 6 de cada 10 adultos tienen obesidad o sobrepeso.

“Esta es una muy buena noticia, después de que se habían sacado medicamentos del mercado y había una necesidad insatisfecha para aquellas personas con obesidad para las que los cambios de hábito (dieta y ejercicio) no les alcanza. Si bien no existe el medicamento mágico, y se debe indicar en un marco y por un especialista, este nuevo medicamento sirve para agregar años a la vida”, afirmó la doctora Mónica Katz, médica especialista en Nutrición, miembro titular de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN).

Fuente: La Capital 

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Así lo muestra una investigación cuyos resultados fueron publicados en la revista ‘Nature Communications’.

 
 
Investigadores españoles descubrieron que la proteína p53, conocida por su función como supresor tumoral, puede actuar como una nueva diana terapéutica para luchar contra la obesidad.

 

Estos resultados acaban de ser publicados en la revista Nature Communications y representan una continuación de la línea de investigación pionera que está realizando este equipo.

Por primera vez 
Más concretamente, este grupo ha demostrado por primera vez que la activación de la proteína p53 en una región específica del cerebro es capaz de revertir la obesidad en ratones obesos, ya que disminuye la ingesta y sobre todo estimula la grasa parda, que quema calorías aumentando así el gasto energético. Por el contrario, la inhibición específica de p53 en la misma región del cerebro provoca obesidad en animales de experimentación.

Mar Quiñones, Omar Al Massadi y Cintia Folgueira, principales autores de este estudio creen que estos resultados “podrían tener una relevancia importante, ya que indican que proteínas que tienen un papel clave en la formación o supresión de tumores también pueden participar en el desarrollo de la obesidad. Existen resultados que indican que una persona obesa tiene más posibilidades de desarrollar ciertos tipos de cáncer, y por tanto, dos enfermedades que parecen tan lejanas como el cáncer y la obesidad tienen mecanismos moleculares en común”.

Este trabajo ha sido llevado a cabo por el grupo de Metabolismo Molecular adscritos al Centro de Investigación Biomédica en Red en su área temática de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (Ciberobn) y a la Universidad de Santiago de Compostela (USC), y al Instituto de Investigaciones Sanitarias de Santiago de Compostela (IDIS)en colaboración con centros nacionales e internacionales como el CNIO, el Idibaps, la Universidad de Córdoba, la Universidad de Cambridge, el Helzholtz Zentrum de Múnich o el Instituto Max Planck de Alemania.

Fuente: Diario Médico – España / COFA

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Un equipo internacional ha descubierto el potencial para vencer la obesidad a nivel celular, caracterizando por primera vez un tipo de receptor complejo y poco entendido que, cuando se activa, apaga el hambre.

El investigador Jens Meiler, profesor de Química y Farmacología en la Universidad de Vanderbilt, en Estados Unidos, dice que las compañías farmacéuticas han intentado durante mucho tiempo desarrollar un medicamento de molécula pequeña que pudiera hacer justamente eso, pero hasta ahora, nadie sabía exactamente cómo era el receptor, por lo que era casi imposible diseñar la clave para activarlo.

El equipo determinó la primera estructura cristalina de un receptor neuropéptido Y, descifrando los miles de átomos de carbono, oxígeno, nitrógeno y otros átomos implicados en él y cómo se unen entre sí. Meiler y un estudiante en su laboratorio, Brian J. Bender, tradujeron los datos intrínsecamente de baja calidad sobre las coordenadas de los átomos para construir modelos informáticos precisos tanto del receptor inactivo como de su aspecto cuando se activa.

Es un hito muy importante en el proceso de descubrimiento de medicamentos –subraya Meiler–. La gran contribución de este trabajo es hacer una lista de los átomos con todas las coordenadas específicas de dónde se encuentran sentados en el espacio y dónde están vinculados entre sí. De hecho, hemos encontrado dónde hay pequeños bolsillos en la estructura donde podemos construir una molécula pequeña para su unión. Antes, era como tratar de diseñar una llave sin conocer la forma del ojo de la cerradura”.

 
    El siguiente paso en esta investigación de nivel molecular, que se detalla en un artículo publicado en la edición digital de ‘Nature’, es validar el objetivo: demostrar que el receptor realmente controla el hambre. Estudios anteriores revelaron que, cuando se bloquea el funcionamiento del receptor en ratones, se vuelven obesos.   “Una vez que comes, produces este péptido, se activa el receptor, y luego ya no sientes hambre y dejas de comer –afirma Meiler–. La idea aquí es que podríamos regular al alza este receptor con una molécula pequeña y crear la sensación de no tener hambre para que comas menos”.

 

Meiler apunta que el artículo de Nature es parte de un estudio mucho más extenso y continuo que ya impulsó el desarrollo de terapias potenciales de moléculas pequeñas. Otros autores de este trabajo incluyen investigadores de la Academia de Ciencias de China, en Shanghai, y la Universidad de Leipzig, en Alemania.

Fuente: Europa Press / COFA

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