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El hipotiroidismo es la patología endocrina más frecuente. Se debe a la disminución del funcionamiento de la glándula tiroides, generando secreción insuficiente de sus hormonas tiroxina (T4) y triyodotironina (T3). Si bien puede afectar a cualquier persona, es más frecuente en mujeres y el riesgo aumenta con los años.

“Su causa más común es la tiroiditis crónica, también conocida como tiroiditis de Hashimoto, una enfermedad autoinmune que genera una inflamación no dolorosa de esta glándula, disminuyendo su capacidad de producir hormonas tiroideas. Esto provoca un enlentecimiento del metabolismo y de múltiples procesos mentales y físicos. También puede deberse por la extirpación quirúrgica parcial o total de la glándula, o por haber recibido tratamiento con iodo radioactivo, por ejemplo, por un antecedente de hipertiroidismo”, explica la Dra. Sandra Licht, endocrinóloga de INEBA.

El hipotiroidismo requiere tratamiento continúo de reemplazo con levotiroxina. Y en el contexto actual de pandemia, frente a la infección se debe mantener el tratamiento con hormona tiroidea en la forma habitual, independiente de otras terapias que se puedan indicar. A su vez, se deben mantener los controles con el médico tratante para chequear los niveles hormonales una vez dado de alta.

De igual manera debe hacerse en los casos de hipertiroidismo. “Esta es la enfermedad tiroidea causada por exceso de producción de hormonas tiroideas. Al igual que en el hipotiroidismo, estos pacientes no presentan un riesgo aumentado de padecer infecciones graves por COVID 19 respecto de la población general. Sin embargo, una infección grave puede descompensar un hipertiroidismo que no se encuentre bien controlado, lo que puede derivar en complicaciones adicionales y agravar la evolución”, aclara la especialista.

Es muy importante que los pacientes no suspendan ni disminuyan su tratamiento y se controlen con su endocrinólogo para revisar los niveles de hormonas tiroideas para  poder  realizar los ajustes necesarios de la medicación que se encuentran recibiendo,  ante la eventualidad de un contagio de este coronavirus.

Por su parte, los pacientes portadores de cáncer de tiroides tampoco presentan mayor riesgo de infección grave. Pacientes tratados, con terapia de sustitución con hormona tiroidea y en control, deben mantener su plan de seguimiento con su endocrinólogo. “Los pacientes que han sido diagnosticados en este periodo y que no han sido operados, deben discutir con su endocrinólogo el plan a seguir. La  mayoría de los cánceres de tiroides tiene un crecimiento lento, lo que permite que la cirugía se pueda diferir en meses, pero siempre manteniendo un seguimiento estrecho con el médico tratante”, explica la Dra. Licht.

Por último, existen los pacientes con tiroiditis subaguda. Esto es una inflamación de la glándula tiroides que, habitualmente, se presenta en personas sin enfermedades a la tiroides. Uno de los factores que favorece el desarrollo de esta inflamación son las infecciones respiratorias virales. Por lo tanto, es factible que pacientes que han sufrido la infección COVID-19 puedan evolucionar posteriormente con este cuadro.

“Ante la presencia de aumento de volumen y dolor cervical anterior irradiado a la región retroauricular o nuca que dificulta tragar, acompañado de fiebre, palpitaciones y temblor, el paciente debe hacer la consulta con su médico clínico o bien con un endocrinólogo para que realice los estudios diagnósticos pertinentes. El control de esta situación siempre es de importancia y más en este momento en el que se ha definido que las secuelas post COVID son muchas y requieren de seguimiento profesional”, comenta la especialista.

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El laboratorio francés Sanofi ha anunciado este lunes que la segunda fase del ensayo clínico de vacunas contra Covid-19 ha mostrado una concentración importante de anticuerpos en los adultos y fuerte respuesta inmunitaria desde la primera dosis.

La fuerte respuesta inmunitaria observada tras la administración de una sola dosis en pacientes que ya habían estado infectados subraya el sólido potencial de una vacuna recordatorio, ha destacado la compañía en un comunicado.

En palabras del laboratorio, los resultados del estudio, realizado en 722 voluntarios de 18 a 95 años de Estados Unidos y Honduras, han mostrado una tasa de seroconversión de anticuerpos del 95 al 100%, por lo que podrán pasar a una tercera fase internacional.

Según ha informado Sanofi, el próximo ensayo empezará en las próximas semanas con 35.000 voluntarios de diversos países para probar su resistencia a la variante de Wuhan y a la sudafricana.

En caso de que dicho estudio dé resultados positivos, la vacuna, en la que trabaja junto a la británica GSK, sería aprobada por las autoridades durante el cuarto trimestre de 2021.

Sabemos que se necesitarán múltiples vacunas, y más cuando siguen emergiendo variantes del virus y se hace más evidente la necesidad de tener vacunas de recordatorio eficaces, que puedan ser conservadas a temperaturas normales, ha destacado el vicepresidente global de Sanofi Pasteur, Thomas Triomphe.

En paralelo al estudio, los laboratorios están tratando de determinar si la administración de una dosis más débil en los recordatorios generaría ya una fuerte respuesta inmunitaria, independientemente de cuál haya sido la tecnología de la primera inoculación recibida.

En la alianza que iniciaron en 2020, la francesa Sanofi aporta un antígeno recombinante y la británica GSK su tecnología de producción de vacunas adyuvantes para uso pandémico, un recurso que puede reducir la cantidad de proteínas necesarias por dosis, lo que permitiría una producción de un mayor número de dosis y una fácil conservación en frigoríficos normales.

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A medida que continúa la pandemia de COVID-19, los investigadores siguen buscando tratamientos efectivos. El curso de la enfermedad a menudo impredecible de COVID-19 crea un desafío sustancial para los investigadores clínicos al identificar las poblaciones de pacientes ideales que podrían beneficiarse de las intervenciones de investigación.

 

Una de las primeras terapias prometedoras consideradas fue el plasma de convalecencia. Varios estudios observacionales retrospectivos en 2020 sugirieron un papel beneficioso del plasma convaleciente para los pacientes hospitalizados con COVID-19 grave. Después de estos informes iniciales, una serie de ensayos aleatorios revisados por pares no confirmaron los hallazgos positivos.

 

La ausencia de eficacia del plasma convaleciente ahora se ve reforzada por los resultados del RECOVERY Collaborative Group, publicado en The Lanceten el que 5795 pacientes recibieron plasma convaleciente más atención habitual y 5763 sólo recibieron ésta última en un estudio aleatorizado y abierto realizado en 177 organizaciones hospitalarias del Servicio Nacional de Salud en el Reino Unido. De los total de pacientes asignados al azar, 36% eran mujeres y la edad media era de 63,5 años. Detenido prematuramente por un comité de seguimiento de datos independiente, no se observaron diferencias significativas entre los grupos en la mortalidad a los 28 días. Esto se suma al creciente número de ensayos de plasma convaleciente que se detuvieron por inutilidad, incluidos CONCOR-1 y REMAP-CAP.

El estudio RECOVERY, liderado por el epidemiólogo Martin Landray y el investigador de enfermedades infecciosas Peter Horby, ambos de la Universidad de Oxford, combina un diseño cuidadoso con un análisis exhaustivo en el marco de las prácticas estándar actuales y muestreos realistas de pacientes hospitalizados con COVID-19. Las principales limitaciones del estudio incluyen su entorno exclusivo en el Reino Unido, la escasa diversidad étnica y una mediana de tiempo prolongada desde el inicio de los síntomas hasta la aleatorización de 9 días.

 

La investigación logra capturar características clave que antes no se habían registrado en ensayos anteriores con plasma convaleciente. El gran número de participantes en el estudio reafirma la validez de los hallazgos. Además del tamaño del estudio, el ensayo se centró legítimamente en pacientes que requerían ventilación mecánica (5% de todos los participantes asignados al azar) que probablemente no se beneficiarían de un tratamiento basado en anticuerpos. Los participantes inscritos reflejaron con precisión los estándares internacionales de atención, 92% pacientes que recibieron corticosteroides. Después de la inscripción y la asignación aleatoria, las personas seleccionadas recibieron dos unidades de plasma convaleciente. Cada una se consideran de títulos altos según la carta de autorización de uso de emergencia de plasma convaleciente emitida por la FDA en marzo pasado.

El resultado primario fue la mortalidad por todas las causas 28 días después de la asignación al azar, y no hubo evidencia de que el plasma convaleciente brindara beneficios por encima de la atención habitual. Además, no se observó ningún efecto significativo sobre la proporción de pacientes dados de alta del hospital dentro de los 28 días. Un análisis de subgrupos extenso no identificó una cohorte única que se beneficiaría de recibir plasma convaleciente. Los pacientes con síntomas de menor duración compartieron resultados similares a los que se encontraban más tarde en el curso de su enfermedad.

A pesar de los muchos desafíos de realizar una investigación clínica rigurosa durante la pandemia de COVID-19, el grupo de colaboración RECOVERY ha aportado conclusiones valiosas contra el uso de plasma convaleciente en pacientes hospitalizados con COVID-19. Poblaciones especiales, como aquellos con inmunidad humoral deteriorada, que no fueron considerados activamente en este estudioaún podrían beneficiarse del plasma convaleciente cuando sean admitidos.

El plasma convaleciente también podría tener un papel terapéutico en un entorno ambulatorio para COVID-19 leve a moderado, según lo apoyado por una investigación de la Fundación INFANT a cargo de un equipo lideraado por Romina Libster. Sin embargo, el ensayo clínico de plasma convaleciente COVID-19 de pacientes ambulatorios determinó que era poco probable que esta cohorte se beneficiara.

“Es posible que los ensayos futuros deban compararse con terapias con anticuerpos monoclonales o inmunoglobulina hiperinmune, y los criterios de elegibilidad deberán definir estrictamente la población con más probabilidades de beneficiarse -explica Heidi Ledford, especialista de la revista especializada Nature-. La cantidad de esfuerzo invertido en cada transfusión de plasma convaleciente, desde el donante hasta el banco de sangre y el equipo médico y el paciente, merece una consideración igualmente importante de si la transfusión proporcionará algún beneficio”. Los estudios actuales y futuros están explorando la próxima clase de terapias de COVID-19, incluidos los antivirales de molécula pequeña, las terapias de anticuerpos monoclonales y policlonales de próxima generación y los agentes inmunomoduladores.

“Hemos visto en esta epidemia cuán equivocadas pueden ser las hipótesis científicas bien intencionadas”, dice, señalando la hidroxicloroquina como ejemplo. El medicamento contra la malaria se mostró prometedor contra el COVID-19 en pequeños ensayos iniciales y estudios de laboratorio, pero finalmente se demostró que no tenía ningún efecto sobre la enfermedad. “Existe una buena ciencia detrás del plasma convaleciente y una buena razón para pensar que puede resultar un tratamiento eficaz -concluye Landray-. Pero la conclusión es que no tenemos suficientes datos para saber”.

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A medida que se avanza en la evidencia y en las pruebas de eficacia y seguridad sobre las vacunas contra la COVID-19, el Gobierno suma nuevos grupos poblacionales a los que priorizar y proteger mediante la inmunización, y los convoca a inscribirse a través de la web Buenos Aires Vacunate o de la aplicación VacunatePBA.

Entre ellos, y en el marco de una política de cuidado, la Provincia promueve ahora la inscripción de las personas embarazadas o que estén amamantando que tengan enfermedades preexistentes, ya que serán priorizadas para vacunarse a partir de la observancia de complicaciones cuando contraen COVID-19.

Al inicio de la campaña, se contempló como grupos priorizados para recibir la vacuna a quienes tienen enfermedades cardiovasculares, enfermedad pulmonar crónica o renal crónica, diabetes y obesidad. En las últimas semanas, la priorización y convocatoria sumó, además de embarazadas con comorbilidad, a las personas con cirrosis, enfermedades con compromiso inmunológico como VIH y otras inmunodeficiencias, enfermedades oncohematológicas, trasplantados/as o en lista de espera para trasplante y pacientes que toman medicación inmunosupresora.

Estos nuevos grupos poblaciones priorizados (a los que se recomienda dejar constancia de su patología en la inscripción), presentan más riesgo de sufrir cuadros graves que requieran internación si contraen COVID-19. Por eso, se suman a las categorías que ya estaban presentes en los formularios digitales de la web Buenos Aires Vacunate (https://vacunatepba.gba.gob.ar/) y de la aplicación VacunatePBA.

Segunda ola y embarazo

Tanto las embarazadas como las personas que estén amamantando y que tengan alguna de las enfermedades de riesgo mencionadas deberán agregar en la inscripción para vacunarse el dato de la enfermedad preexistente, lo que les permitirá ser priorizadas a la hora de asignarles un turno. También deberán detallar si son personal de salud, seguridad o educación, sectores incluidos en los grupos priorizados.

“Durante esta segunda ola de la pandemia, la evidencia científica y los datos que manejamos en la Provincia de Buenos Aires a partir de la vigilancia activa está mostrando que las personas embarazadas y que amamantan que además padecen alguna comorbilidad como diabetes, hipertensión arterial u obesidad por ejemplo, son más proclives a sufrir complicaciones y cuadros graves que requieren internación asociadas al COVID 19”, explicó la Directora Provincial de Equidad de Género en Salud, Sabrina Balaña.

Por eso, desde la cartera sanitaria bonaerense se recomienda que aquellas personas que se anotaron como embarazadas o en período de lactancia pero que no consignaron patologías preexistentes, reingresen al sitio web Buenos Aires Vacunate o a la aplicación VacunatePBA y lo agreguen. La Provincia de Buenos Aires busca recabar la mayor cantidad de datos sobre las personas en esta condición para priorizar su cuidado en el marco de la campaña, y para ello es fundamental consignar esta doble condición.

Balaña pidió también que los equipos de salud que asisten a las personas gestantes promuevan la vacunación contra COVID-19 en las consultas como política de cuidado y difundan la necesidad de que se inscriban para poder ser inmunizadas.

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La mayoría de las personas que contraen COVID-19 y se recuperan probablemente sean inmunes durante varios meses después, según detectó un estudio denominado SIREN que ha implicado a más de 20.000 trabajadores de la salud en el Reino Unido y que fue publicado en The Lancet.

El estudio llegó a la conclusión de que las respuestas inmunes de infección pasada pueden reducir el riesgo de contraer el virus de nuevo en un 83% durante al menos 5 meses.

“En el transcurso del año pasado, los informes de infecciones repetidas con SARS-CoV-2 han debilitado la confianza en la capacidad del sistema inmunológico para mantener sus defensas contra el virus. Los resultados provisionales del estudio mitigan algunos de esos temores -explicó la investigadora principal Susan Hopkins, asesora médica senior de Public Health England en Londres-. Los datos sugieren que la inmunidad natural podría ser tan efectiva como la vacunación, al menos durante el período de cinco meses que el estudio ha cubierto hasta ahora”.

Los datos sugieren que las infecciones repetidas son raras: ocurrieron en menos del 1% de aproximadamente 6.600 participantes que ya habían estado enfermos con COVID-19. Pero los investigadores también encontraron que las personas que se reinfectan pueden portar altos niveles del virus en la nariz y la garganta, incluso cuando no muestran síntomas. “Tales cargas virales se han asociado con un alto riesgo de transmitir el virus a otros”, destacó Hopkins.“La reinfección es bastante inusual, así que son buenas noticias”, según apreciación del inmunólogo John Wherry de la Universidad de Pensilvania en Filadelfia. Aunque advierte que “no implica ser libre de andar sin una mascarilla”.

SIREN es el estudio más grande de reinfección por coronavirus que detecta sistemáticamente infecciones asintomáticas. Cada dos a cuatro semanas, los participantes se someten a análisis de sangre para detectar anticuerpos contra el SARS-CoV-2, así como a pruebas de PCR para detectar el virus en sí.

Durante los cinco meses que duró el estudio, el equipo encontró 44 posibles reinfecciones. En el grupo de 14.000 participantes que no habían sido previamente infectados, 318 personas dieron positivo por el virus.

“Algunas de las reinfecciones aún se están evaluando”, explicó Hopkins. Las 44 se consideran reinfecciones “posibles”, y se clasificaron sobre la base de pruebas de PCR combinadas con medidas de detección para reducir el riesgo de volver a detectar el virus de la infección inicial. Hasta ahora, solo 2 de estos 44 casos han pasado pruebas más estrictas para ser clasificados como “probables”. El estudio no evaluó si los síntomas fueron mejores o peores durante la segunda infección que durante la primera, pero Hopkins señala que “solo alrededor del 30% de las personas con posibles reinfecciones informaron algún síntoma, en comparación con el 78% de los participantes con infecciones por primera vez”.Por el momento, el equipo no tiene suficientes datos para determinar quién podría estar en mayor riesgo de reinfección. El inmunólogo George Kassiotis del Instituto Francis Crick en Londres señala que los participantes en el estudio eran principalmente mujeres, y en su mayoría menores de 60 años. “Es poco probable que este grupo experimente la forma más grave de COVID-19, y puede que no sea representativo de la población en su conjunto”.

Los investigadores todavía están recopilando datos; esperan tener una idea de cuánto dura la inmunidad e investigar los efectos de una variante del SARS-CoV-2 llamada B.1.1.7, que surgió en 2020 y se ha extendido rápidamente por todo el país. “Aunque hay muchas razones para sospechar que la protección existente debería cubrir nuevas variantes, es posible que las respuestas inmunitarias generadas contra una variante sean menos efectivas contra otra -concluye Kassiotis-. Esa todavía es una pregunta abierta”.

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La nitazoxanida es un 5-nitrotiazol con actividad antiparasitaria y antibacteriana de amplio espectro. Este fármaco, derivado sintético de la sialicilamida, es efectivo contra una gran variedad de parásitos y bacterias, muchas de las cuales ocasionan síntomas como diarrea y otros malestares, que infectan tanto a animales como a seres humanos y se administra a través de comprimidos o por suspensión líquida.

Sin embargo, en la carrera por buscar nuevos tratamientos que puedan ayudar a reducir el agravamiento de los síntomas de COVID-19, el virus que ya ocasionó casi 148 millones de contagios en todo el mundo y provocó la muerte de 3,1 millones de personas, según los últimos datos del Johns Hopkins Medicine & University Resource Center, esta droga podría ser utilizada para tratar a los pacientes con coronavirus.

La nitazoxanida es una droga conocida en el mundo, que presenta escasos efectos adversos, generalmente leves y pasajeros, de tipo gastrointestinales. La medicación actúa fundamentalmente inhibiendo la expresión de una proteína viral denominada ‘N’ y también suprimiría la producción de citoquinas proinflamatorias, que se cree intervienen en el proceso de la enfermedad por COVID-19.

“La nitazoxanida es un antiparasitario que viene siendo utilizado hace mucho tiempo para distintas infecciones producidas por parásitos, pero también ha sido utilizado con éxito en distintas infecciones virales respiratorias, como la influenza, como el MERS y también a nivel de investigación clínica en hepatitis virales”, explicó Marcelo Silva, jefe de Hepatología del Hospital Universitario Austral.

Recientemente, el laboratorio estadounidense Romark, basado en Tampa, Florida, anunció los resultados iniciales de un ensayo clínico de Fase III de su nuevo fármaco candidato, nitazoxanida, en investigación NT-300 (tabletas de liberación prolongada de nitazoxanida, 300 mg) versus placebo como tratamiento para COVID-19 moderado. Basándose en los hallazgos, Romark está trabajando con la Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA) para solicitar una autorización de uso de emergencia en ese país.

Hoy, este antiparasitario se utiliza mayormente en adultos, aunque también puede ser utilizado en niños, para tratar infecciones por parásitos como ascaris y giardia lamblia. Esta última produce síntomas, que suelen aparecer de una a tres semanas después de la exposición a la enfermedad, y pueden incluir diarrea, fatiga, cólicos estomacales e hinchazón, gases, náuseas y pérdida de peso, explican desde la Mayo Clinic.

Se trata de un antiparasitario muy bueno y eficaz contra protozoarios y gusanos intestinales; ya hace un tiempo surgió la posibilidad de probarlo en esta pandemia”, comentó el epidemiólogo Hugo Pizzi. Es que, según detalló el especialista, este fármaco se probó durante la epidemia de MERS-CoV, una enfermedad respiratoria vírica que se inició en abril de 2012 en Medio Oriente, provocada por otro coronavirus. “El virus del MERS es un coronavirus primo de este y además, en su momento, fue probada en patologías de vías aéreas superiores y cuadros gripales. Con el MERS disminuía citoquinas responsables del cuadro inflamatorio”, añadió.

La nitazoxanida fue evaluada contra un amplio rango de parásitos, incluyendo protozoos, nematodos, cestodos y trematodos, de modo de respaldar la evaluación clínica en humanos. “Se usa hace mucho para tratar parásitos o infecciones intestinales. El estudio está en Fase III y los resultados mostrarán su efectividad o no. Modificaría el rumbo de la enfermedad y evitaría agravamientos. Pero aún no se sabe. Es algo similar a lo que sucedía con la ivermectina”, en tanto, el médico pediatra Carlos Kambourian.

 

Estudios en la Argentina

La nitazoxadina está siendo investigada en la Argentina con prometedores resultados en un estudio clínico piloto con 135 pacientes con diagnóstico confirmado de COVID-19 y síntomas leves a moderados. El trabajo, que está publicado en el sitio internacional Clinical Trials, se está llevando adelante en el Hospital Universitario Austral y en la Clínica del Pilar de Ciudadela, ambos en la Provincia de Buenos Aires.

Silva, junto a su equipo de Investigación Clínica, había iniciado un estudio de eficacia y seguridad de este medicamento en el tratamiento de pacientes con infección por virus SARS-CoV2 (COVID-19con síntomas leves o moderados a mediados del año pasado. El objetivo principal de la investigación fue el de evaluar si el medicamento evita la progresión de la enfermedad a estadios adonde se requiera la internación con asistencia intensiva.

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) otorgó este viernes su homologación de emergencia a la vacuna contra el covid-19 de la firma estadounidense Moderna. De esta manera, se convierte en el cuarto inoculante que obtiene esta luz verde del organismo de la ONU luego de que así lo hicieran los de Pfizer, AstraZeneca y Janssen (Johnson & Johnson).

Esta aprobación implica que las vacunas de Moderna pueden formar parte del programa COVAX, mediante el que la OMS distribuye dosis de vacunas -principalmente a países en desarrollo- y que hasta ahora mayoritariamente ha enviado vacunas fabricadas por AstraZeneca. Y también contribuye a que los países que no tienen medios para determinar si un medicamento es eficaz e inocuo, puedan acceder más rápidamente al mismo.

Previamente, la vacuna de Moderna, que al igual que aquella desarrollada por Pfizer usa la tecnología del ARN mensajero, había sido revisada por el Grupo Estratégico Asesor de Expertos, también ligado a la OMS, que ya había recomendado su uso en pacientes mayores de 18 años.

La OMS revisa estos días también el posible uso de emergencia de las vacunas chinas fabricadas por los laboratorios Sinopharm y Sinovac, aunque por ahora no ha emitido ninguna conclusión, pese a que los expertos de la organización iniciaron el estudio de los datos de la primera de ellas antes que los de Moderna.

La vacuna rusa Sputnik V, del laboratorio Gamaleya, también es tomada en consideración para un posible listado, aunque se encuentra en fases anteriores del proceso de homologación por parte de la OMS, a la espera de tener más datos para tomar la decisión de incluirla.

La vacuna de Moderna ha mostrado una eficacia del 94,1 % en pruebas de laboratorio y, según remarcó la OMS, puede mantenerse a temperaturas de entre 2 y 8 grados, similares a las de una nevera común, por lo que no necesita conservarse en ultrafrío, lo que facilita su distribución y almacenamiento.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos emitió una autorización de uso de emergencia para la vacuna Moderna el 18 de diciembre de 2020 y la Agencia Europea de Medicamentos concedió una autorización de comercialización válida en toda la Unión Europea el 6 de enero de 2021.

Las autoridades de Moderna declararon el jueves que esperaban producir hasta 3.000 millones de dosis de su vacuna en 2022 mediante nuevos compromisos de financiación para impulsar el suministro en los centros de fabricación de Europa y Estados Unidos.

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El fármaco oral experimental de Pfizer para tratar el Covid-19 ante síntomas de la enfermedad podría estar disponible para fin de año, tal y como ha señalado este martes el director ejecutivo de la compañía, Albert Bourla, en una entrevista en la cadena CNBC.

Pfizer comenzó en marzo un ensayo clínico en fase 1 con un tratamiento antiviral oral contra el Covid-19. Este estudio, iniciado en Estados Unidos, analizaba la efectividad del PF-07321332, un inhibidor de la proteasa que ha demostrado tener una potente actividad antiviral in vitro. Los inhibidores de la proteasa se utilizan para tratar otros patógenos virales como el VIH y la hepatitis C.Si los ensayos clínicos van bien y la FDA lo aprueba, el medicamento podría distribuirse en los EEUU antes de fin de año, ha señalado Bourla.

Los expertos confían en que el medicamento, que se toma por vía oral, constituya una herramienta clave para combatir al Covid-19 ya que las personas recién infectadas podrían usarlo fuera de los hospitales.

Covid: Vacuna Pfizer para niños

Además de este medicamento, Pfizer está probando su vacuna en niños de 6 meses a 11 años. A principios de este mes, la compañía le pidió a la FDA que expandiera su autorización de vacuna a adolescentes de 12 a 15 años después de que un estudio señalara que la inyección es 100 por 100 efectiva.

En este sentido, Bourla se ha mostrado muy optimista de que la FDA aprobará el uso de la inyección en adolescentes.

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En lo que va de abril de 2021, el 56,3 por ciento de los internados en terapia intensiva en hospitales nacionales de Argentina son menores de 60 años, en línea con la tendencia que se viene registrando en otros países de la región durante 2021, tal como informó ayer la Organización Panamericana de la SALUD (OPS).

De ese porcentaje, el 43,8 % corresponde a mayores de 60 años, el 44,8 % al grupo de entre 40 a 60 y el 11,5 % al grupo entre 15 y 40 años. Además, en terapia intermedia la situación se repite con un 40 % de ocupación de mayores de 60; un 50,7 % correspondiente al grupo etario de entre 40 y 60 y 9,3 % al grupo entre 15 y 40 años.

El patrón coincide con los resultados de un estudio de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (SATI) que arrojó “una alta ocupación de camas a predominio de pacientes jóvenes graves portadores de la COVID-19, con un alto requerimiento de asistencia respiratoria mecánica y de posición prono” (boca abajo).

El estudio se basa en una encuesta a nivel nacional del 16 de abril en la que participaron 163 unidades de terapia intensiva (52% públicas y 48% privadas), y que representan 3.332 camas a nivel país. El promedio de edad de los pacientes internados el día del estudio fue de 53 ± 8 años, indicó la SATI.

Sin embargo, en cuanto a la mortalidad, en Argentina el grupo de edad más afectado continúa siendo el de 60 años y más, con un aumento de la tasa de letalidad conforme aumenta la edad. El 83,3 % de los fallecidos en 2021 correspondió a mayores de 60 años.

“Casi el 60 % de los internados en terapia son menores de 60 años, pero en los fallecidos vemos que siguen siendo los mayores de 60 años”, precisó la directora nacional de Epidemiología del ministerio de Salud, Analía Rearte. “Todavía tenemos para un par de semanas más de tensión, esta disminución es muy incipiente”, agregó.

La situación en otros países de la región

En un alerta epidemiológica de ayer, la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS) indicó que si bien el número de hospitalizaciones, de internaciones en unidades de terapia intensiva (UTI) y de defunciones por COVID-19 eran más altas en adultos mayores y en aquellas personas con comorbilidades, “a nivel global se observa un cambio del perfil de la edad de los casos hospitalizados, y hospitalizados en UTI, con una mayor tasa de hospitalización en población más joven”.

A nivel regional, el alerta de la OPS menciona los casos de Brasil, Chile, Paraguay y Perú en los que se registra “el incremento de severidad en población menor de 60 años”.

Según el informe, en Brasil cuando se compara la tasa de hospitalización más alta ocurrida en 2020 (13 de julio) con la tasa más alta ocurrida en 2021 (10 de marzo) se observa que los menores de 39 años, y los grupos de 40-49 años así como los de 50-59 años duplicaron el valor de las tasas de hospitalización. El mayor incremento porcentual se registró en el grupo de 40-49 años (56 %), seguido por los menores de 39 años (53 %) y el grupo de 50-59 años (51 %). Entre los adultos mayores de 60 años el incremento fue menor con 32 %.

Respecto de las tasas de mortalidad, el informe de OPS señala que en Brasil se observa un incremento desde inicios de diciembre de 2020 en todos los grupos etarios, y que se mantiene la mayor tasa de mortalidad en los adultos mayores en un rango que osciló entre 1,8 por 100.000 habitantes y 142,7 por 100.000 habitantes (marzo 2021). En los menores de 39 años el rango es de 0,0 a 2,9 por 100.000 habitantes; mientras que en el grupo de 40-49 años de 0,2 a 19,4 por 100.000 habitantes en y en el grupo de 50-59 años de 0,3 a 41,6 por 100.000 habitantes.

Sin embargo, al comparar las tasas de mortalidad registradas en diciembre 2020 con las de marzo 2021, se observa que mientras en los adultos mayores se duplicó, en los menores de 39 años y en el grupo de 40-49 años se cuadruplicó mientras que en el grupo de 50-59 años se triplicó.

La situación se replica en Chile, en el que si bien las tasas de ocupación diaria de las camas de UTI muestran que entre abril y diciembre de 2020, a mayor edad, mayor tasa de hospitalización, desde mediados de marzo de 2021 en adelante se observa un cambio en ese patrón.  Así el grupo de 50-59 años presentó una tasa mayor que la de los adultos mayores.

Además, en los menores de 49 años la tasa se triplicó con incrementos de 71 % y 65% en los menores de 39 años y en el grupo de 40-49 años respectivamente; mientras que en el grupo de 50-59 años la tasa se duplicó. Por otro lado, en el mismo periodo, el grupo de mayores de 60 años presentó un descenso de 8 % en la tasa de hospitalización en UTI.

Al comparar las tasas de mortalidad registradas en diciembre 2020 con las tasas registradas en marzo 2021, se observó que todos los grupos etarios las duplicaron y que los mayores incrementos porcentuales se observaron en los grupos de 50-59 años (60%) y en los menores de 39 años (59%).

En Paraguay las tasas de mortalidad de marzo de 2021 son las más altas registradas desde las primeras defunciones ocurridas en ese país, en todos los grupos etarios.

Luego, al comparar las tasas de mortalidad de diciembre 2020 con las tasas de marzo 2021, en Paraguay se observó que los grupos etarios de 50-59 años y de mayores de 60 años las tasas se duplicaron, en tanto que en los menores de 39 años la tasa de mortalidad se triplicó y en el grupo de 40-49 años se quintuplicó.

Finalmente, en Perú al comparar las tasas de mortalidad registradas en diciembre 2020 con las tasas registradas en marzo de 2021, se observó que tanto en los menores de 39 años y en los de 60 y más las tasas se triplicaron con un incremento relativo de 66 y 67 % respectivamente. Mientras que los grupos de 40-49 años y de 50-59 años esas tasas se cuadruplicaron e incrementaron en 73% y 77% respectivamente.

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El laboratorio Richmond informó hoy ante la Comisión Nacionales de Valores (CNV) que está finalizando la elaboración de los primeros lotes de prueba de la vacuna Sputnik V contra el coronavirus. “Estos lotes están siendo enviados al Gamaleya Center [el instituto que desarrolló la vacuna rusa] para su evaluación, mientras que otros ensayos son realizados en paralelo en nuestros laboratorios”, dice la nota.

Según ampliaron luego en un comunicado, está previsto que la producción a gran escala de la Sputnik V en el país comience en junio. La Argentina fue el primer país de América Latina en registrar oficialmente la vacuna en su territorio. El registro se llevó a cabo a través de una autorización de uso de emergencia y la vacunación comenzó el 29 de diciembre de 2020.

“La vacuna producida en la Argentina podrá ser exportada a otros países de América Central y América Latina”, señalaron en un comunicado. En el día, el precio de las acciones de la empresa subió más de 23%.

Actualmente, la Sputnik V está registrada en 60 países, que suman una población total de 3000 millones de personas. La efectividad de la vacuna es del 97,6%, según el resultado del análisis de datos sobre la incidencia del coronavirus entre los rusos vacunados con ambos componentes en el período comprendido entre el 5 de diciembre de 2020 y el 31 de marzo de 2021.

En febrero pasado, el laboratorio que preside Marcelo Figueiras anunció que firmaba un memorándum de entendimiento entre Management Company of Russian Direct Investment Fund -Fondo Ruso de Inversión Directa (RDIF)-, quien representa a Gamaleya National Research Institute of Epidemiology and Microbiology, para fomentar la cooperación entre las partes y así poder fabricar la vacuna en la Argentina.

Nuestro país es el primero de Latinoamérica en comenzar el proceso de transferencia tecnológica de la vacuna Sputnik V, todo lo cual fue posible gracias a la colaboración de RDIF y de sus socios estratégicos”, dice el comunicado.

 “De no mediar dificultades, a la mayor brevedad posible, se comenzaría con la etapa de producción de la Sputnik V en la República Argentina”.

“Laboratorios Richmond se enorgullece del apoyo de RDIF, que confió en nuestra base científica y tecnológica para producir la vacuna Sputnik V en la Argentina. Nuestra empresa hará todo lo posible para garantizar que la vacuna esté disponible lo antes posible para la Argentina y para toda la región de América Latina”, dijo Figueiras.

Kirill Dmitriev, director ejecutivo RDIF, declaró: “La Argentina fue la primera en América Latina en aprobar el uso de la vacuna Sputnik V y comenzar a vacunar a la población. Hoy nos complace anunciar que la Argentina también se ha convertido en el primer estado de la región en iniciar la producción de Sputnik V gracias a la asociación entre RDIF y Laboratorios Richmond. Sputnik V está aprobada en más de 10 países de América Latina y Centroamérica, y la producción en la Argentina permitirá realizar las entregas a nuestros otros socios”.

La semana pasada, la empresa anunció que creaba el fideicomiso financiero llamado “Proyecto Vida” (Vacuna de Inmunización para el Desarrollo Argentino) para construir una planta en Pilar, donde se produciría en un año la vacuna Sputnik V. El laboratorio todavía busca recaudar US$70 millones.

“Se hizo un gran trabajo y en tiempo récord para lanzar el fideicomiso Proyecto Vida. Estamos convocando al mercado de capitales para construir esta planta que permitirá producir las vacunas para paliar esta pandemia y sus mutaciones. Es el camino más eficiente, eficaz y sustentable, ya que nos fortalece en autonomía y capacidad de reacción frente al virus”, había dicho Marcelo Figueiras, presidente de Richmond, durante la presentación vía Zoom.

Según explicó, firmaron un convenio con el fondo que representa al Instituto Gamaleya para producir la Sputnik V, pero el proyecto incluirá la fabricación de productos de biotecnología, como anticuerpos monoclonales, y también puede ser la base de producción para otras compañías.

“Estamos convencidos de que un mayor desarrollo del país permitirá no depender solamente de los países centrales frente a situaciones como la actual. Tiene que haber una industria fuerte con muchos jugadores para asistir también a otros mercados y, a este efecto, el mercado de capitales local debe jugar un rol fundamental”, señaló.

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