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El ensayo, multicéntrico internacional, está dirigido por investigadores de la Universidad de Monash, en Melburne, e incluyó a 362 pacientes con la enfermedad de moderada a grave.

Según  The New England Journal of Medicine (NEJMel estudio doble ciego evaluó el anticuerpo monoclonal anifrolumab más el tratamiento estándar frente a esta terapia y placebo en pacientes con lupus eritematoso sistémico sin afectación predominante renal (lupus extrarrenal). El fármaco se administró por vía intravenosa cada cuatro semanas durante 48.

Los resultados del trabajo indicaron la superioridad de este fármaco frente a placebo en la reducción de la actividad asociada a la enfermedad en diversos órganos, así como en la mejoría de  la lesiones cutáneas lúpicas y en la disminución de los brotes anuales. Además, los autores del trabajo destacan que los pacientes tratados necesitaron menos dosis de corticoides, que junto con otros medicamentos inmunomoduladores son la base actual del tratamiento del lupus.

De completar los pasos hasta su comercialización, el fármaco sería el segundo en aprobarse –el anterior, belimumab está en la clínica desde hace unos diez años- como una nueva opción terapéutica en los últimos 60 años. Algo que José María Pego Reigosa, portavoz de la Sociedad Española de Reumatología, y uno de los investigadores del estudio que se publica ahora, considera síntoma del momento de importante actividad científica que está viviendo esta enfermedad autoinmune. “Ahora hay varios ensayos con diferentes moléculas que han terminado la fase II, y de los que en los próximos años podrían salir también nuevos tratamientos”, apunta el reumatólogo del Complejo Universitario de Vigo, quien también recuerda que en los últimos años se han quedado varios fármacos en el camino de la investigación clínica.

Sin ir más lejos, anifrolumab también fue objeto de un primer estudio fallido (TULIP 1), que no cumplió sus objetivos, “probablemente por el endpoint establecido, diferente del actual”. Del nuevo ensayo, TULIP 2, Pego Reigosa destaca su “máxima calidad metodológica”.

El especialista estima que un 10% de los pacientes en tratamiento podrían necesitar una terapia adicional como la que les brindaría este tipo de fármaco en momentos puntuales. “Habría que determinar durante cuánto tiempo mantenerla, aunque en principio debería administrarse a medio o largo plazo”, opina.

La experiencia con el tratamiento anteriormente aprobado, belimumab, “nos está mostrando los beneficios del control de la enfermedad en la prevención de la secuelas de la enfermedad. Y eso también es un objetivo terapéutico importante”.

Benjamín Fernández, jefe de Servicio de Reumatología del Hospital Clínico San Carlos, de Madrid, explica que el fármaco (anifrolumab) es “un anticuerpo monoclonal que actúa sobre el receptor del interferón tipo I”. Esta proteína se relaciona con la enfermedad, y “de hecho, sus niveles aparecen elevados en sangre de los pacientes”.

Fernández recuerda otros intentos previos de actuación sobre la vía del interferón tipo 1. “Se han explorado estrategias como vacunas y el bloqueo con anticuerpos de la propia proteína directamente sin mucho éxito”. Sobre el estudio, destaca los resultados positivos en cuando a la reducción de esteroides y a la disminución de las manifestaciones cutáneas, lo que lo situaría dentro del arsenal terapéutico para el paciente con lupus moderado, en especial con alteración cutánea.

Fuente: Diario Médico – España / COFA

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Un equipo de investigadores de la Universidad de Michigan (UM) en EE.UU demostró, a través de un estudio en ratones, que las mujeres sufren más enfermedades autoinmunes, como el lupus, por la elevada presencia molecular de VGLL3 en la piel.

El estudio, publicado en ‘JCI Insight’, ha tratado de explicar cómo la VGLL3 supone el desarrollo de diferentes trastornos y eventos en la piel que activan el sistema inmunitario, aún cuando no hay nada contra lo que defenderse. En esta investigación, los expertos explicaron que la elevada presencia de esta molécula en las células que conforman la piel pone en funcionamiento el sistema inmunológico, el cual produce una respuesta inmune autoatacante que afecta tanto a la dermis como a los órganos internos.

En el estudio se pudo ver que las hembras de ratones tenían una presencia de VGLL3 en la piel más alta que los ratones machos.

En este sentido, los investigadores señalaron que la elevada presencia de esta molécula en la piel modifica los niveles de expresión de genes que conforman el sistema inmunológico. Así, han observado que estos cambios hacían que la piel de los ratones se volviese escamosa. Esto ocurre porque las células inmunitarias se incrementan, inundando la piel y los ganglios linfáticos, lo que conlleva la aparición de anticuerpos que pueden afectar a órganos internos.

 En este contexto, aún no se ha demostrado por qué las células cutáneas femeninas presentan más VGLL3 que las masculinas. Sin embargo, este equipo de investigadores explica que puede deberse a que las mujeres presentan sistemas inmunes más fuertes para combatir infecciones.”Parece que VGLL3 regula los genes de respuesta inmunitaria que han sido señalados como culpables del desarrollo de enfermedades autoinmunes comunes en las mujeres, pero que no parecen estar regulados por las hormonas sexuales”, explicó Johann Gudjonsson, director de la investigación y profesor de dermatología en la Facultad de Medicina de la UM, y agregó que la elevada presencia de VGLL3 en la piel de los ratones estudiados es suficiente para desarrollar un fenotipo que presenta similitudes con el lupus eritematoso sistémico (SLE), como la erupción cutánea o la lesión renal.Por último, Michelle Kahlenberg, miembro de la división de Reumatología de UM y co-autora del estudio, explicó que se está investigando a pacientes con lupus para conseguir ahondar en la investigación y el tratamiento de esta enfermedad. Así, los expertos han concluido que este descubrimiento puede suponer un avance en el desarrollo de nuevas terapias para tratar el lupus en ambos sexos, ya que las técnicas actuales presentan efectos adversos que inducen mayor riesgo de cáncer.

 

Fuente: Europa Press / COFA

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