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Desde el inicio de la pandemia por coronavirus, y más aún desde el comienzo de la vacunación a las poblaciones con las formulaciones autorizadas de emergencia, se planteó el debate acerca de si las mujeres inmunizadas durante el embarazo o la lactancia podrían transferir esas defensas a su pequeño hijo.

Ahora, un estudio realizado en España demostró que las mujeres vacunadas con la vacuna de Pfizer-BioNTech transmiten anticuerpos específicos contra el coronavirus a sus bebés a través de la leche materna.

"La leche materna de mujeres vacunadas con la vacuna Pfizer-BioNTech basada en ARNm contiene anticuerpos IgG (S1) anti- SARS-CoV-2 específicos, con niveles que aumentan considerablemente después de la segunda dosis. Los niveles de IgG (S1) en la leche materna se correlacionan positivamente con los niveles séricos correspondientes”, concluyeron los investigadores del trabajo publicado en la revista JAMA.

Se tomaron simultáneamente muestras de suero y leche materna de cada participante en tres puntos de tiempo: dos semanas después de recibir la primera dosis de la vacuna, dos semanas después de recibir la segunda dosis y cuatro semanas después de la segunda dosis.

En palabras del jefe de Servicio de Enfermedades Infecciosas del centro y uno de los médicos a cargo del estudio, doctor Vicens Díaz de Brito, el trabajo demostró "que la vacunación con Pfizer-BioNTech es segura durante el período de lactancia y que, además, transmite anticuerpos a la leche materna"

Con todo, aún se desconoce “cuál es el valor necesario de anticuerpos en la leche materna, pero los datos publicados sugieren que, tal y como sucede con otras enfermedades infecciosas o con otras vacunas, los bebés amamantados por mujeres vacunadas podrían estar protegidos frente al COVID-19, al menos mientras dure el período de lactancia”.

 

Los investigadores señalan también que “se necesitan estudios prospectivos más amplios que examinen estos problemas para confirmar la seguridad de la vacunación contra el coronavirus en las personas que están amamantando y evaluar aún más la asociación de la vacunación con la salud de los bebés y la inmunidad específica contra el SARS-CoV-2”.

 

El traspaso de anticuerpos inducidos por la vacuna contra el COVID-19 de la madre al bebé también se ha estudiado durante el embarazo. Si bien aún no hay resultados claros, todo apunta a que los anticuerpos podrían transmitirse de la madre al bebé a través de la placenta.

 

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En el marco del Foro del Comité Americano para el Tratamiento y la Investigación de la Esclerosis Múltiple (ACTRIMS, por sus siglas en inglés), que se llevó delante de manera virtual entre el 25 y el 27 de febrero, se reveló un nuevo análisis del estudio MAGNIFY-MS, que concluyó que los pacientes que recibían cladribina comprimidos como tratamiento para la esclerosis múltiple (EM) remitente-recurrente y se aplicaban la vacuna contra la gripe o varicela zóster desarrollaban anticuerpos para estas enfermedades.

Esta información es muy valiosa, porque muchos de los tratamientos para esta enfermedad provocan un descenso de los linfocitos, un tipo de glóbulos blancos que forman parte del sistema inmune. El descenso de estas células puede en algunos casos generar una respuesta reducida frente a ciertas vacunas. En consecuencia, contar con datos científicos de que los pacientes en tratamiento con cladribina comprimidos generan una respuesta adecuada frente a la vacunación, es una noticia auspiciosa ante la posibilidad de que en aquellas personas con EM que estén usando esta terapia la vacunación contra el Covid-19 pudiese ser efectiva.

Es importante aclarar que los resultados no se pueden extrapolar al coronavirus SARS-Cov-2, pero sin dudas es un hallazgo que servirá como puntapié para investigar la respuesta de estos pacientes a la vacunación contra el Covid-19, detalló el Dr. Juan Ignacio Rojas, médico neurólogo de la Unidad de Esclerosis Múltiple y Enfermedades Desmielinizantes del Hospital Universitario CEMIC y del Centro de Esclerosis Múltiple de Buenos Aires (CEMBA).

El análisis retrospectivo incluyó un número acotado de pacientes: 12 habían recibido la vacuna contra la gripe estacional y 3 contra la varicela zóster. En todos los casos se tomaron muestras de sangre antes y después de la vacuna y se vio que los niveles de anticuerpos se mantuvieron o incluso aumentaron durante al menos 6 meses sin importar la cantidad de linfocitos que presentaran las personas.

En paralelo, se realizó un sub análisis del estudio denominado CLOCK-MS, que evaluó a tres pacientes con EM remitente-recurrente que habían recibido al menos una dosis de cladribina comprimidos antes de aplicarse la vacuna contra la gripe. En todos ellos, los niveles de anticuerpos se encontraban aumentados 4 semanas después de la vacunación. Dos de los tres pacientes habían recibido el tratamiento unos meses antes de la inoculación y presentaban un recuento bajo de linfocitos en ese momento, lo que resalta aún más la importancia de estos resultados.

"Sin ninguna duda nuevas investigaciones arrojarán más información, pero estos primeros resultados son alentadores, proveen evidencia concreta de alta calidad y abren una luz de esperanza para entender la protección en pandemia de todos aquellos pacientes con esclerosis múltiple que estén recibiendo esta medicación", concluyó el Dr. Rojas.

La vacuna contra la gripe estacional contribuye a prevenir el desarrollo de esta enfermedad o a reducir sus complicaciones, que en adultos mayores, niños pequeños, embarazadas o personas con comorbilidades puede presentarse en forma grave y poner en riesgo la vida. Suele aplicarse periódicamente –por lo general de manera anual- en estos grupos. Por su parte, la vacuna contra la varicela zoster se indica habitualmente durante la infancia y su objetivo es reducir la morbimortalidad de la enfermedad.

En nuestro país, se estima que entre 9 y 12 mil personas conviven con EM. Se trata de una enfermedad neurológica y autoinmune que suele presentarse en adultos jóvenes, en una relación de tres mujeres por cada varón

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En sólo siete meses, un equipo de investigadores del CONICET y del Instituto Nacional de Tecnología Agropercuaria (INTA) obtuvo nanoanticuerpos monoclonales recombinantes VHH provenientes de llamas, y anticuerpos policlonales IgY derivados de la yema de los huevos de gallina, capaces de neutralizar la infección por el coronavirus SARS-CoV-2. Estos resultados posicionan a la Argentina como el primer país de Sudamérica con la potencialidad de convertir estas moléculas en productos terapéuticos.

Los ensayos de neutralización llevados a cabo tanto con pseudovirus como con el virus salvaje confirmaron que estas moléculas inhiben la infección viral provocada por el SARS-CoV-2, resultando tratamientos innovadores contra la enfermedad de COVID-19 y complementarios a las vacunas y otros métodos disponibles.

Roberto Salvarezza, Ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación, se refirió al logro de los anticuerpos monoclonales de llama y a los policlonales de yema, y los consideró “dos posibilidades de terapia que se suman a otras que han desarrollado científicos y científicas, investigadores e investigadoras que, nuevamente, muestran las capacidades de nuestros investigadores de trabajar y lograr, en tiempos récord, productos de innovación”.

En esta línea, agregó: “Es una muestra de la capacidad que tiene nuestro país y de nuestros investigadores. En esta pandemia estamos viendo el camino, el de búsqueda de que nuestro conocimiento llegue a la sociedad a fin de solucionar los problemas. Me siento orgulloso y destaco todo el mérito del grupo que estuvo trabajando. Un gran éxito y esperemos que se cumplan las etapas que faltan”..

Luis Basterra, Ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, se refirió al logro y señaló: “Entre el INTA y el CONICET nos muestran el potencial que tienen nuestros profesionales; lo que significa tener una política soberana en cuanto al desarrollo de conocimiento”. 

Este logro tiene calidad de anuncio internacional en términos de logro científico y pone a la vanguardia de lo que son las distintas alternativas para la lucha contra la COVID-19.

Para Basterra, “este es el camino, el del compromiso y la interacción público privada para que este tipo de desarrollos contribuyan a resolver un problema tan grave como la COVID-19, pero, a la vez, formar capacidades para resolver estos problemas en el campo de la salud humana, animal y vegetal”.

A su turno, Susana Mirassou –presidenta del INTA– señaló que es “un gran honor para el INTA estar a la altura de las circunstancias en un momento de pandemia, aportando conocimiento y desarrollos científicos, tales como la producción de nanoanticuerpos monoclonales”. En este sentido, indicó que se trata de “un momento realmente muy importante gracias a los equipos de trabajo de INTA asociados con CONICET que vienen transitando un largo camino desde 2005”.

“Es realmente un gran orgullo”, reconoció Mirassou, al tiempo que destacó el trabajo del equipo técnico de investigación y de campo que hizo posible este logro en tiempo récord. En esta línea, reconoció los aportes del sector privado para cooperar con equipamiento y con las llamas, que también contó con el financiamiento del Agencia Nacional de Investigación Científica.

“Es un paso importantísimo que da muestra de la sinergia que se genera cuando se trabaja de manera colaborativa fruto de la articulación publico privada, así se dinamiza, es la forma de trabajar: unidos y buscando soluciones, aportando a mejorar las soluciones para esta pandemia”, señaló.

Un logro internacional

“Los nanoanticuerpos monoclonales recombinantes VHH y los anticuerpos policlonales IgY representan dos estrategias para el tratamiento preventivo y terapéutico de pacientes afectados de COVID-19”, señaló Viviana Parreño, investigadora del CONICET en el Grupo Vinculado INCUINTA al Instituto de Virología e Innovaciones Tecnológicas (IVIT, CONICET-INTA), coordinadora científica de INCUINTA del INTA y responsable del proyecto junto con Itatí Ibañez, investigadora del CONICET en el Instituto de Química Física de los Materiales, Medio Ambiente y Energía (INQUIMAE).

Los ensayos que demostraron la actividad neutralizante de las moléculas fueron inicialmente realizados en el laboratorio por Itatí Ibañez con pseudo partículas virales y, paralelamente, confirmados con el virus salvaje en el Servicio de Virosis Respiratorias del Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas (INEI) de la ANLIS-Malbrán, por la investigadora Elsa Baumeister, y,en  el Instituto Politécnico de Virginia -Estados Unidos-, por el científico Jonathan Auguste.

“Esperamos en tres meses contar con los ensayos preclínicos de los VHH e IgY neutralizantes en ensayos preclínicos en un modelo ratón para COVID-19”, reconoció Andrés Wigdorovitz, investigador del CONICET y director de INCUINTA y de Bioinnovo SA, la empresa de base tecnológica formada por INTA y Vetanco SA.

Las moléculas de llamas “representan una tecnología que permite administrar un producto farmacológicamente definido, un anticuerpo monoclonal recombinante, que podrá administrarse en forma de nebulización para prevenir o tratar la infección respiratoria, mientras que los anticuerpos IgY representan una terapia policlonal de aplicación tópica u oral”, destacó Parreño.

Los resultados obtenidos ubican a la Argentina “entre el selecto grupo de países que han desarrollado nanoanticuerpos: Estados Unidos, China, junto con Suecia y Bélgica, entre otras naciones de la Unión Europea”, afirmó y describió: “Este desarrollo científico posiciona al país como el primero en el hemisferio sur en dar cuenta de este logro”.

Este proyecto, elegido entre más de 900 propuestas en la convocatoria de la Agencia I+D+i en el marco de las acciones de la “Unidad Coronavirus” que integra junto con el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación y el CONICET, “demostró poder cumplir en tiempo record los objetivos que se propuso”, reconoció Itatí Ibañez, viróloga molecular, quien junto con Marina Bok y Florencia Pavan construyeron la biblioteca de genes VHH en tan sólo 10 días.

Una vez finalizadas las pruebas preclínicas y de seguridad en animales, se podrá comenzar con la fase de escalado y producción bajo buenas prácticas de manufactura, para su posterior prueba en ensayos clínicos con la aprobación de la autoridad regulatoria. De este modo, las dos estrategias se podrán sumar a las terapias de plasma e Igs humanas y de anticuerpos policlonales equinos que ya se encuentran en fase clínica.

La biblioteca de nanoanticuerpos

La inmunización de una llama en la unidad experimental del INTA y la posterior construcción de una biblioteca de nanoanticuerpos de llamas contra la COVID-19 fue la puerta de entrada para obtener nanoanticuerpos con la capacidad de inhibir la infección viral provocada por el coronavirus SARS-CoV-2.

En este recorrido de producir los nanoanticuerpos, los investigadores inmunizaron a Spike –nombre de la llama– con la proteína que forma la corona del SARS-CoV-2. Luego extrajeron una muestra de sangre y, de allí, los linfocitos circulantes. A partir de esas células se purificó el ARN –ácido ribonucleico– mensajero, que contiene información de los anticuerpos que elabora el camélido.

Este primer reservorio “elaborado en la Argentina contiene información genética sobre los anticuerpos que producen estos camélidos frente al SARS-CoV-2. Mediante un biopaneo de la biblioteca es posible seleccionar los anticuerpos que generan estos camélidos cuando son expuestos a la proteína del virus y que poseen la capacidad de neutralizar la infección viral”, señaló Marina Bok, investigadora de INCUINTA.

Con la información codificada en los genes VHH se obtuvieron anticuerpos monoclonales que demostraron su capacidad para inhibir una infección viral utilizando tres ensayos de neutralización diferentes.

Los nanoanticuerpos y los anticuerpos IgY obtenidos podrán utilizarse como tratamientos preventivos y terapéuticos de COVID-19, aunque también son herramientas útiles para el desarrollo de métodos inmunodiagnósticos, entre otras aplicaciones.

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El desarrollo de vacunas contra el SARS-CoV-2 se vería facilitado en gran medida por la identificación de correlatos inmunológicos de protección en humanos. Las respuestas de anticuerpos a largo plazo y las actividades neutralizantes después de infecciones aún no se han dilucidado con extrema certeza. Hasta la fecha, los estudios sobre inmunidad protectora solo se han realizado en modelos animales y no se han establecido correlaciones de protección en humanos

Un brote masivo de COVID-19 en un barco de EEUU dejó fuera a los miembros de la tripulación que ya tenían anticuerpos contra el nuevo coronavirus. Esto proporciona lo que los científicos indican que es la primera evidencia directa de que estos anticuerpos protegen a las personas contra la reinfección.

Después de una infección viral, el sistema inmunológico produce compuestos llamados anticuerpos neutralizantes que pueden atacar al virus si invade nuevamente. Pero investigaciones anteriores no habían determinado si tales anticuerpos pueden proteger a los humanos de la reinfección por SARS-CoV-2.

Alexander Greninger de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en Seattle y sus colegas analizaron la tripulación de un barco pesquero estadounidense para detectar coronavirus y sus respectivos anticuerpos. Precisamente antes de la salida del barco, los investigadores testearon a 120 de los 122 miembros de la tripulación y encontraron que todos eran negativos para el SARS-CoV2, pero un brote golpeó el barco poco después de que salió de la costa.

Las pruebas posteriores al viaje mostraron que 104 miembros de la tripulación de 122 personas estaban infectados. Ninguno de los que estaban infectados y habían sido examinados antes de embarcarse habían mostrado anticuerpos neutralizantes contra el SARS-CoV-2.

Pero los tres miembros de la tripulación que tenían tales anticuerpos antes de la salida evitaron de la infección. Ninguno de estos miembros de la tripulación con títulos de anticuerpos neutralizantes mostró evidencia de infección viral genuina ni experimentó ningún síntoma durante el brote viral, lo que proporciona evidencia estadísticamente significativa de que los anticuerpos neutralizantes adquiridos durante la infección por SARS-CoV-2 protegen contra la reinfección, dicen los autores.

Coincidencias de inmunidad

Además de este estudio que parece ser el primero terminante en materia de anticuerpos, se suma el coincidente que elaborado por un equipo de investigadores del Departamento de Enfermedades Infecciosas del Union Hospital de Tongji Medical College de Wuhan, China que ha llegado a la conclusión reciente de que la infección por COVID-19 induce respuestas inmunes humorales sostenidas en pacientes convalecientes después de una enfermedad sintomática.

En su estudio los profesionales cuantificaron los anticuerpos de inmunoglobulina y los anticuerpos neutralizantes durante un período de seis meses. Después del inicio de la enfermedad COVID-19 en 349 pacientes sintomáticos que se encontraban entre los primeros infectados en todo el mundo. La tasa de positividad y la magnitud de las respuestas aumentaron rápidamente. Los niveles altos a las 2-3 semanas del inicio de la enfermedad se asociaron con el control del virus y se correlacionaron estrechamente con la capacidad de neutralizar el SARS-CoV-2.

Si bien algunos elementos se volvieron indetectable doce semanas después del inicio de la enfermedad en la mayoría de los pacientes, la mayoría se mostraron en una fase de contracción intermedia, pero se estabilizaron a niveles relativamente altos durante el período de observación de seis meses. En puntos de tiempo tardíos, las tasas de positividad para la unión y neutralización de anticuerpos específicos todavía estaban por encima del 70%. En conjunto, sus datos indican una inmunidad humoral sostenida en pacientes recuperados que padecen COVID-19 sintomático, lo que sugiere una inmunidad prolongada.

Las conclusiones, hasta la mencionada experiencia del barco pesquero de Estados Unidos, habían sido erráticas. Un estudio hecho en España sobre, relacionado con el desarrollo de anticuerpos, mostró que no habría inmunidad colectiva ante el virus. De acuerdo con lo publicado el análisis mostró que solo el 5 por ciento de la población había desarrollado los anticuerpos. “A pesar del alto impacto del COVID-19 en España, las estimaciones de prevalencia (la proporción de individuos de un grupo que presentan un evento determinado) siguen siendo bajas y son claramente insuficientes para proporcionar inmunidad colectiva”, indicó el documento.

Comprender las respuestas de los anticuerpos al SARS-CoV-2 es indispensable para el desarrollo de medidas de contención para superar la pandemia actual de COVID-19.

A medida que se expande la amenaza de una segunda ola, incluso en las áreas que habían logrado mantener el virus a raya, los científicos trabajan frenéticamente para entender cómo el ordenador principal produce los anticuerpos contra el coronavirus. Una comprensión completa de este proceso se requiere para reducir la severidad del brote. Ahora, un nuevo estudio de los investigadores en la universidad de Nueva York sobre el tipo y la intensidad de los anticuerpos en los pacientes recuperados COVID-19 y las implicaciones de estas conclusión.

Una de las preguntas más importantes es entender si la inmunorespuesta a este virus produce la protección duradera contra la reinfección. Los investigadores admitieron en su informe que la neutralización del pseudovirus es una opción eficiente al virus natural para tal prueba, pero piden cautela, “el virus auténtico SARS-CoV-2 puede descubrir los sueros de neutralización potentes, que tiene implicaciones para la selección de donantes para la terapia pasiva de la inmunización”.

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La vacuna contra el coronavirus que desarrolla la universidad británica de Oxford resultó “segura” y “entrena” el sistema inmunológico, según revelaron los hallazgos de las primeras fases del estudio, divulgados este lunes.

La fórmula, denominada AZD1222, está siendo elaborada por AstraZeneca en colaboración con científicos de la Universidad de Oxford, y no presentó ningún efecto colateral grave en los 1.077 voluntarios, adultos sanos de entre 18 y 55 años, que produjeron respuestas inmunes de anticuerpos y células T que pueden combatir el virus, según los resultados del ensayo publicados en la revista médica The Lancet.

Estos descubrimientos se consideran “muy prometedores”, si bien todavía es necesario llevar a cabo ensayos a mayor escala a fin de determinar si los anticuerpos son suficientes para ofrecer protección a largo plazo contra la enfermedad.

“Esperemos que esto implique que el sistema inmune recordará al virus, de modo que nuestra vacuna provea protección por un periodo extendido”, indicó el autor principal del estudio, Andrew Pollard, de la Universidad de Oxford. “Sin embargo, necesitamos más investigaciones antes de poder confirmar que la vacuna efectivamente protege de la infección del SARS-CoV-2 (COVID-19), y para determinar cuánto tiempo dura esa protección”, sostuvo.

Las respuestas inmunológicas fueron más elevadas en aquellos que recibieron una segunda dosis. “Vimos la respuesta inmunológica más fuerte en los 10 participantes que recibieron dos dosis de la vacuna, lo que indica que esta podría ser una buena estrategia para la vacunación”, indicó el profesor Andrew Pollard.

AstraZeneca es una de las farmacéuticas líderes en la carrera por encontrar una vacuna contra la enfermedad que ha causado más de 600.000 muertes en el mundo, junto con otras compañías que prueban candidatas en ensayos clínicos de etapas media y final. La firma dijo que una fase III de los ensayos de su vacuna potencial se está llevando a cabo actualmente en Reino Unido, Brasil y Sudáfrica, y que empezará pronto en Estados Unidos.

“Si nuestra vacuna se revelara eficaz, es una prometedora opción, ya que este tipo de vacuna puede ser fabricada fácilmente a gran escala” comentó Sarah Gilbert, investigadora de la universidad de Oxford.

Los investigadores dijeron que la vacuna causó efectos colaterales leves más frecuentes respecto a un grupo de control, pero que muchos de éstos pudieron reducirse con paracetamol, sin que se detectaran efectos adversos graves.

La fórmula, que está siendo desarrollada a una velocidad sin precedentes, está hecha a base de un virus genéticamente fabricado que ocasiona el resfriado común en chimpancés. Los científicos lo han modificado en gran manera de forma que no pueda ocasionar infecciones en personas y para que se asemeje más al coronavirus. Lo han hecho transfiriendo las instrucciones genéticas para la llamada “proteína del pico” del coronavirus -la herramienta clave que este emplea para invadir las células de humanos- a la vacuna que están desarrollando.

De esta manera, esta vacuna se parece al nuevo coronavirus y el sistema inmune puede aprender la manera de luchar contra él. Al estar basada en un adenavirus modificado, que no se replica, es más segura en especial para los pacientes más frágiles.

Semanas atrás, el gobierno británico firmó un acuerdo con la farmacéutica para la producción de 100 millones de dosis, una cantidad que excede a la población del Reino Unido. Estos contratos son clave para ir asegurando la producción de los ensayos e ir ganando tiempo. También ha entrado en negociaciones con otros países, pero aseguró que no buscará generar ganancias a partir de su vacuna durante la pandemia, con el compromiso de garantizar un acceso amplio y equitativo a la vacuna, en caso de que las pruebas clínicas en sus últimas etapas tengan éxito. Hasta ahora, los compromisos para suministrar más de 2 mil millones de dosis de la vacuna se han acordado con el Reino Unido, Estados Unidos, la Alianza de Vacunas Inclusivas de Europa (IVA), la Coalición para la Innovación en la Preparación de Epidemias (CEPI), La Alianza de Vacunas Gavi y el Serum Institute de India.

Por su parte, el primer ministro británico, Boris Johnson, dijo en un mensaje en Twitter que estos hallazgos constituyen “una noticia muy positiva” y elogió a los “brillantes y pioneros científicos e investigadores”.

 

 

Los tiempos

 

Se están desarrollando y probando más de 100 vacunas en todo el mundo para intentar detener la pandemia de COVID-19, que ha matado a cientos de miles de personas y ha hecho estragos en la economía mundial.

Este lunes, Johnson había puesto paños fríos a la esperanza de tener disponible una vacuna en los próximos meses. “Tengo los dedos cruzados, pero decir que estoy 100% seguro de que vamos a recibir una vacuna este año, o de hecho el año que viene, es, por desgracia, una exageración. Todavía no estamos ahí”, dijo. La asesora del Gobierno británico Kate Bingham también ha advertido de que no se puede “ser demasiado optimista”.

Por su parte, la científica jefe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Soumya Swaminathan, señaló que la vacuna contra el COVID-19 podría estar en el mercado a disposición de las autoridades sanitarias a mediados de 2021.

En una entrevista con DPA, la experta mostró su esperanza de que al menos “un par” de las 20 candidatas a vacunas funcionen. “Sería muy desafortunado si todos ellos fallan. Es posible tener resultados a principios de 2021. Así que a principios del año nuevo podríamos tener eventualmente una vacuna. Entonces tiene que ser fabricada y ampliada. Así que si somos muy prácticos, entonces estamos mirando a mediados de 2021 cuando tendremos una vacuna que pueda ser ampliamente desplegada”, comentó.

La investigadora también opinó sobre los diferentes estudios que han mostrado que los niveles de anticuerpos parecen disminuir rápidamente después de la infección. En este sentido, señaló que el hecho de que los anticuerpos neutralizantes desaparezcan “no significa que la inmunidad haya desaparecido”. EFE y Reuters.

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Viernes, 12 Junio 2020 14:03

Estudian técnica para detectar anticuerpos

Se trata de un tipo especial de anticuerpos, capaz de unirse al virus e impedir que éste quede libre e ingrese a una nueva célula. Científicos trabajan en cuantificar estos anticuerpos en muestras de plasma humano obtenido de personas que estuvieron enfermas y lograron recuperarse. Ese plasma inmune podría utilizarse en un eventual tratamiento destinado a pacientes con coronavirus disease 2019, es una enfermedad infecciosa causada por el virus SARS-CoV-2.

Produce síntomas similares a la gripe, y en casos graves produce neumonía, síndrome de dificultad respiratoria aguda, sepsis y choque séptico.

El Instituto de Virología de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNC conformó un equipo de especialistas en técnicas de neutralización in vitro, dirigido por Sandra Gallego, para desarrollar esta herramienta en Córdoba.

La técnica permitirá detectar y cuantificar anticuerpos que posean propiedades neutralizantes contra el SARS-CoV-2 en plasmas humanos. Los anticuerpos “neutralizantes” son aquellos que pueden inhibir al virus.

“Cuando alguien se infecta con un virus produce una gran variedad de anticuerpos, pero hay un tipo de anticuerpos que tiene la capacidad de neutralizarlos, lo que significa que se unen al virus e impiden que este quede libre e ingrese a una nueva célula”.

Según explica la investigadora de la Facultad de Ciencias Médicas, dado que no todos los anticuerpos que genera el cuerpo son neutralizantes, el trabajo estará enfocado en estandarizar las condiciones de una técnica para cuantificar anticuerpos neutralizantes en plasmas humanos.

Teóricamente, el organismo comienza a generar defensas frente al virus luego de algunos días de iniciada la infección, pero siempre depende de la evolución que tenga esa infección.

“Hay casos de individuos asintomáticos, otros tienen síntomas leves, y otros con cuadros muy graves. No se puede decir con certeza cuáles de estas personas producirán anticuerpos neutralizantes, ni en qué cantidad. Por ello es necesario estudiar la presencia de estos anticuerpos en la sangre de las personas”, explica Gallego.

Por lo pronto, la especialista apunta que ya se sabe que los anticuerpos neutralizantes no se encuentran en cantidades suficientes en todos los enfermos, e incluso en algunos directamente no se generan.

No conocemos ninguna técnica como esta que esté disponible en el país, capaz de realizar determinaciones de este tipo. Hay desarrollos que permiten la detección de anticuerpos totales, pero no que identifiquen y cuantifiquen anticuerpos neutralizantes”, amplió la investigadora de la UNC.

Existen antecedentes de tratamientos efectivos con plasmas inmunes, que se basaron –para la detección de anticuerpos neutralizantes– en el mismo principio que utilizará esta técnica. El más conocido es el de la fiebre hemorrágica argentina, que salvó miles de vidas humanas en la década del sesenta.

“El tratamiento con plasma inmune ya se usó para otras enfermedades respiratorias, como en infecciones por el Sars-Cov1 y la gripe H1 N1. Es un tratamiento muy eficaz. Actualmente, se está aplicando contra el SARS-CoV-2 en China, Europa y Estados Unidos con muy buenos resultados”.

Una vez terminados los ensayos in vitro, la herramienta se pondrá a disposición de las autoridades de salud pública para estudiar los plasmas de las personas infectadas y recuperadas. Esto permitirá analizar en ellos la presencia de anticuerpos neutralizantes que sirvan para tratar a otros pacientes. Además, la herramienta estará disponible para la comunidad científica.

El equipo de investigadores lo completan Adrián Díaz, Lorena Spinsanti, Sebastián Blanco, la doctora Brenda Konigheim y Javier Aguilar.

Este trabajo surgió en el marco de un convenio entre el Ministerio de Salud de la Provincia de Córdoba y el Instituto de Virología de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNC. Fue, además, uno de los proyectos de la UNC seleccionados para ser financiados por la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación. Recibió un subsidio de aproximadamente setenta mil dólares.

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Abbott anunció que recibió la aprobación de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) a la Directiva IVD (Disposición 2675/99) de su prueba en sangre de serología para uso en laboratorio para la detección de anticuerpos, IgG, que identifica si una persona ha tenido el nuevo coronavirus (COVID-19). Una prueba de anticuerpos es paso importante para saber si alguien ha sido infectado previamente. Esta prueba proporcionará una mayor comprensión del virus incluyendo cuánto tiempo permanecen los anticuerpos en el cuerpo y si proporcionan inmunidad. Este tipo de información podría ayudar a apoyar el desarrollo de tratamientos y vacunas.

 

“De manera muy particular, Abbott se ha enfocado en llevar pruebas COVID-19 al mercado lo más rápido posible para ayudar a abordar esta pandemia”,dijo Yudith Martínez, Gerente General del negocio de Diagnósticos de Abbott en Argentina. “Estamos orgullosos de proporcionar nuestras pruebas de anticuerpos, ya que ayudarán a entender quién ha tenido el virus,lo que nos dará mayor confianza a medida que nos vamos incorporando de nuevo a la vida”.

 

Pruebas de anticuerpos para expandir las pruebas

Mientras que las pruebas moleculares detectan si alguien tiene el virus, las pruebas de anticuerpos determinan si alguien fue infectado.

 

La prueba SARS-CoV-2 IgG de Abbott identifica el anticuerpo IgG, el cual es una proteína que el cuerpo produce en las últimas etapas de la infección y puede permanecer hasta meses y posiblemente años después de que una persona se haya recuperado.

 

La prueba demostró especificidad y sensibilidad para detectar anticuerpos IgG de más del 99 por ciento, 14 días o más después del comienzo de los síntomas.

 

La prueba de anticuerpos IgG de Abbott estará disponible inicialmente en sus instrumentos de laboratorio ARCHITECT®i1000SRei2000SR.* ARCHITECT es uno de los sistemas de laboratorio más utilizados en el mundo, y se ha utilizado durante décadas. Cientos de estos instrumentos se utilizan en la mayoría de los laboratorios en Argentina. Estos instrumentos pueden ejecutar entre 100-200 pruebas por hora.

 

Abbott está ampliando significativamente su fabricación europea para pruebas de anticuerpos y expandirlas pruebas a su sistema Alinity™i. Abbott también ampliará sus pruebas de anticuerpos de laboratorio para la detección del anticuerpo IgM, en el futuro próximo.

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Un equipo de investigadores de distintos centros de investigación estadounidense descubrieron un anticuerpo que inhibe ampliamente múltiples cepas de norovirus pandémico, lo que puede suponer un paso adelante en el desarrollo de una vacuna eficaz para el temido virus estomacal.

El estudio, publicado ‘Immunity’, ha sido realizado por investigadores de la Escuela de Salud Pública Global de Chapel Hill Gillings de la Universidad de Carolina del Norte, de la Universidad de Texas en Austin y del Centro de Investigación de Vacunas de los Institutos Nacionales de la Salud.

En el se describe por primera vez la estructura de la interacción de unión entre el virus y un anticuerpo humano que puede actuar contra muchas cepas de la pandemia, según señalan los investigadores Lisa Lindesmith y el profesor Ralph Baric, ambos del departamento de epidemiología de The Gillings School, coautores del estudio.

Los norovirus humanos son la principal causa de gastroenteritis aguda, inflamación del estómago y los intestinos. Cuenta con cerca de uno de cada cinco casos de diarrea y vómitos, y es responsable de unas 200.000 muertes al año, principalmente en bebés, niños y ancianos, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. Aunque hay más de 30 genotipos conocidos del norovirus humano, casi el 60 por ciento de los brotes son causados por cepas de genotipo GII.4 (genogrupo II, genotipo 4), que han causado pandemias humanas periódicas desde 1996 hasta hoy.

“Para diseñar una vacuna eficaz contra el norovirus, los científicos necesitaban identificar un anticuerpo neutralizante que pudiera funcionar contra muchas cepas del virus, así como contra otras que circularán en el futuro. Esta información ahora se puede utilizar para construir mejores vacunas humanas”, ha señalado Baric.

El descubrimiento más importante de este estudio es un anticuerpo humano que puede unirse a una región altamente conservada del virus común entre diferentes cepas de norovirus, neutralizando potencialmente todas las cepas GII.4 de norovirus que existen en la naturaleza.

Las regiones altamente conservadas son partes del virus que no cambian. Un anticuerpo humano que pueda atacar estas áreas altamente conservadas proporcionará una amplia protección durante un período prolongado de tiempo. Con este conocimiento, los desarrolladores de vacunas comprenderán mejor cómo y con qué frecuencia reformular la vacuna a lo largo del tiempo.

La tecnología, desarrollada por el coautor George Georgiou, se usó para descubrir el anticuerpo clave en el estudio y el enfoque es aplicable a una variedad de bacterias y virus altamente variables.

“Este estudio aborda un problema fundamental en el desarrollo de la enfermedad por norovirus que podría tener un gran impacto en la salud mundial. Hemos establecido un entendimiento del virus y cómo cambia, cómo la respuesta inmunitaria del cuerpo lo aborda y cómo podemos usar esa información para hacer una mejor vacuna”, ha concluido Lindesmith.

Fuente: Europa Press

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La vacuna contra la gripe puede ser menos efectiva en los ancianos debido a que sus células B son menos capaces de producir anticuerpos que puedan adaptarse para protegerse contra nuevas cepas virales. Con la edad, las células B y los anticuerpos que secretan adquieren menos mutaciones que proporcionarían una protección flexible contra el virus de la gripe en constante cambio, según informan los investigadores este martes en la revista ‘Cell Host & Microbe’.

“La principal implicación es que cuando un virus de la influenza de reciente circulación infecta a personas de edad avanzada, no tienen la herramienta adecuada para combatirlo porque sus anticuerpos no son tan protectores”, explica el autor principal del estudio, Patrick Wilson, de la Universidad de Chicago, en Estados Unidos. “Nuestros hallazgos podrían utilizarse por la comunidad de vacunas para hacer mejores vacunas y mejorar la protección de la población anciana”, agrega.

Se cree que el efecto perjudicial del envejecimiento en el sistema inmunológico es una causa importante de enfermedad y muerte en adultos mayores al incrementar la susceptibilidad a infecciones bacterianas, fúngicas y virales. La gran mayoría de las muertes por gripe se producen en poblaciones mayores de 65 años, y las personas de edad avanzada tienen una respuesta de anticuerpos significativamente reducida a la vacunación contra la influenza. Como resultado, la influenza es una de las principales causas de muerte en los ancianos, y la vacuna protege solo a una parte de esta población.

Células B sin adaptaciones nuevas

Para comprender los mecanismos subyacentes, Wilson y su equipo compararon cómo las células B y los anticuerpos de adultos mayores y jóvenes responden a la vacunación con diferentes cepas de gripe. Mientras que las células B de sujetos más jóvenes mostraron una continua acumulación reciente de mutaciones, los ancianos parecían tener un repertorio de células B esencialmente fijo, sin adaptaciones recientes que permitirían la evolución de las células B a cepas divergentes del virus de la influenza.

Además, los anticuerpos de los ancianos son menos potentes y menos capaces de proteger contra el virus de la gripe. Los anticuerpos de sujetos ancianos solo atacan proteínas y estructuras conservadas del virus de la gripe, con menos mutaciones que permitirían respuestas efectivas contra las cepas virales en evolución. En contraste, los anticuerpos de individuos más jóvenes son más capaces de reconocer moléculas recientemente mutadas en el virus de la gripe.

Los hallazgos sugieren que los anticuerpos de individuos de edad avanzada surgen de células B de memoria con reactividad cruzada generadas temprano en la vida, con una adaptación reducida a cepas recientes del virus de la influenza. Por ejemplo, el 47 por ciento de los anticuerpos generados a partir de individuos ancianos se unieron a seis o más cepas del virus de la gripe en comparación con solo el 12 por ciento para los adultos jóvenes. Además, los anticuerpos de los individuos ancianos tenían una mayor afinidad con las cepas históricas que circulaban durante su infancia y una menor afinidad con las cepas más contemporáneas.

A pesar de estas observaciones, la vacunación sigue siendo la mejor manera de proteger a las personas de edad avanzada de la infección por el virus de la gripe. “No estamos diciendo que las personas no deben vacunarse o que las vacunas actuales son inútiles para las personas mayores”, recalca la primera autora Carole Henry, de la Universidad de Chicago.

Actualmente, los científicos están trabajando para comprender las bases biológicas subyacentes de sus observaciones. Desde un punto de vista clínico, los hallazgos sugieren que las vacunas que conducen mutaciones protectoras en las células B deben ser una prioridad para mejorar la inmunidad contra la influenza en los ancianos. “Las vacunas más recientes desarrolladas especialmente para la población anciana están ahora en el mercado y podrían ayudar a inducir más anticuerpos protectores –dice Wilson–. El próximo paso será evaluar la adaptabilidad de los anticuerpos en individuos ancianos inmunizados con estas vacunas”.

Fuente: Europa Press / COFA

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El avance podría facilitar el desarrollo de nuevas vacunas, al permitir producir anticuerpos más rápidamente in vitro. Ayudaría a combatir enfermedades infecciosas y otras como el cáncer.

 

Un grupo de investigadores ha logrado un método para desarrollar rápidamente anticuerpos humanos específicos en el laboratorio que puede ayudar a combatir enfermedades infecciosas y otras como el cáncer, según un artículo divulgado este lunes en la revista Journal of Experimental Medicine. Este hallazgo podría acelerar la producción de anticuerpos para tratar un amplio espectro de enfermedades y facilitar el desarrollo de nuevas vacunas, indicaron los científicos.
La investigación fue liderada por el doctor argentino Facundo Batista, del Francis Crick Institute de Londres. “En particular, debería permitir la producción estos anticuerpos en un periodo de tiempo más corto in vitro y sin la necesidad de vacunación o donación de sangre de personas recientemente infectadas”, apuntó Batista.
Actualmente, el método de desarrollo de vacunas implica la toma de muestras de la enfermedad y la creación de un antígeno mediante el crecimiento de los virus en células primarias, lo que supone conseguir estas muestras de donantes infectados y aislar luego el antígeno de las células usadas para crearlo.

Fragmentos de ADN

Los investigadores liderados por Batista han logrado replicar este proceso en el laboratorio al producir anticuerpos específicos de estas células aislados de las muestras de sangre. Sin embargo, y además del encuentro con un antígeno concreto, las células necesitan una segunda señal para empezar a desarrollar estos anticuerpos, algo que puede conseguirse por pequeños fragmentos de ADN llamados CpG oligonucleótidos, que activan una proteína llamada TLR9. Para ello, los científicos consiguieron producir anticuerpos específicos gracias al tratamiento de células impregnadas con nanopartículas con CpG oligonucleótidos y el antígeno apropiado en unos pocos días en el laboratorio. Como consecuencia, el procedimiento no depende de que los donantes hayan sido expuestos a estos antígenos previamente, y se logró como ejemplo generar anticuerpos contra el HIV desde células aisladas por pacientes sin HIV.

Fuente: 20 Minutos – España

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