Hoy en Revista Dosis

A medida que continúa la pandemia de COVID-19, los investigadores siguen buscando tratamientos efectivos. El curso de la enfermedad a menudo impredecible de COVID-19 crea un desafío sustancial para los investigadores clínicos al identificar las poblaciones de pacientes ideales que podrían beneficiarse de las intervenciones de investigación.

 

Una de las primeras terapias prometedoras consideradas fue el plasma de convalecencia. Varios estudios observacionales retrospectivos en 2020 sugirieron un papel beneficioso del plasma convaleciente para los pacientes hospitalizados con COVID-19 grave. Después de estos informes iniciales, una serie de ensayos aleatorios revisados por pares no confirmaron los hallazgos positivos.

 

La ausencia de eficacia del plasma convaleciente ahora se ve reforzada por los resultados del RECOVERY Collaborative Group, publicado en The Lanceten el que 5795 pacientes recibieron plasma convaleciente más atención habitual y 5763 sólo recibieron ésta última en un estudio aleatorizado y abierto realizado en 177 organizaciones hospitalarias del Servicio Nacional de Salud en el Reino Unido. De los total de pacientes asignados al azar, 36% eran mujeres y la edad media era de 63,5 años. Detenido prematuramente por un comité de seguimiento de datos independiente, no se observaron diferencias significativas entre los grupos en la mortalidad a los 28 días. Esto se suma al creciente número de ensayos de plasma convaleciente que se detuvieron por inutilidad, incluidos CONCOR-1 y REMAP-CAP.

El estudio RECOVERY, liderado por el epidemiólogo Martin Landray y el investigador de enfermedades infecciosas Peter Horby, ambos de la Universidad de Oxford, combina un diseño cuidadoso con un análisis exhaustivo en el marco de las prácticas estándar actuales y muestreos realistas de pacientes hospitalizados con COVID-19. Las principales limitaciones del estudio incluyen su entorno exclusivo en el Reino Unido, la escasa diversidad étnica y una mediana de tiempo prolongada desde el inicio de los síntomas hasta la aleatorización de 9 días.

 

La investigación logra capturar características clave que antes no se habían registrado en ensayos anteriores con plasma convaleciente. El gran número de participantes en el estudio reafirma la validez de los hallazgos. Además del tamaño del estudio, el ensayo se centró legítimamente en pacientes que requerían ventilación mecánica (5% de todos los participantes asignados al azar) que probablemente no se beneficiarían de un tratamiento basado en anticuerpos. Los participantes inscritos reflejaron con precisión los estándares internacionales de atención, 92% pacientes que recibieron corticosteroides. Después de la inscripción y la asignación aleatoria, las personas seleccionadas recibieron dos unidades de plasma convaleciente. Cada una se consideran de títulos altos según la carta de autorización de uso de emergencia de plasma convaleciente emitida por la FDA en marzo pasado.

El resultado primario fue la mortalidad por todas las causas 28 días después de la asignación al azar, y no hubo evidencia de que el plasma convaleciente brindara beneficios por encima de la atención habitual. Además, no se observó ningún efecto significativo sobre la proporción de pacientes dados de alta del hospital dentro de los 28 días. Un análisis de subgrupos extenso no identificó una cohorte única que se beneficiaría de recibir plasma convaleciente. Los pacientes con síntomas de menor duración compartieron resultados similares a los que se encontraban más tarde en el curso de su enfermedad.

A pesar de los muchos desafíos de realizar una investigación clínica rigurosa durante la pandemia de COVID-19, el grupo de colaboración RECOVERY ha aportado conclusiones valiosas contra el uso de plasma convaleciente en pacientes hospitalizados con COVID-19. Poblaciones especiales, como aquellos con inmunidad humoral deteriorada, que no fueron considerados activamente en este estudioaún podrían beneficiarse del plasma convaleciente cuando sean admitidos.

El plasma convaleciente también podría tener un papel terapéutico en un entorno ambulatorio para COVID-19 leve a moderado, según lo apoyado por una investigación de la Fundación INFANT a cargo de un equipo lideraado por Romina Libster. Sin embargo, el ensayo clínico de plasma convaleciente COVID-19 de pacientes ambulatorios determinó que era poco probable que esta cohorte se beneficiara.

“Es posible que los ensayos futuros deban compararse con terapias con anticuerpos monoclonales o inmunoglobulina hiperinmune, y los criterios de elegibilidad deberán definir estrictamente la población con más probabilidades de beneficiarse -explica Heidi Ledford, especialista de la revista especializada Nature-. La cantidad de esfuerzo invertido en cada transfusión de plasma convaleciente, desde el donante hasta el banco de sangre y el equipo médico y el paciente, merece una consideración igualmente importante de si la transfusión proporcionará algún beneficio”. Los estudios actuales y futuros están explorando la próxima clase de terapias de COVID-19, incluidos los antivirales de molécula pequeña, las terapias de anticuerpos monoclonales y policlonales de próxima generación y los agentes inmunomoduladores.

“Hemos visto en esta epidemia cuán equivocadas pueden ser las hipótesis científicas bien intencionadas”, dice, señalando la hidroxicloroquina como ejemplo. El medicamento contra la malaria se mostró prometedor contra el COVID-19 en pequeños ensayos iniciales y estudios de laboratorio, pero finalmente se demostró que no tenía ningún efecto sobre la enfermedad. “Existe una buena ciencia detrás del plasma convaleciente y una buena razón para pensar que puede resultar un tratamiento eficaz -concluye Landray-. Pero la conclusión es que no tenemos suficientes datos para saber”.

Como parte de la lucha que llevan adelante los gobiernos para dar batalla a la pandemia de COVID-19, que ya ocasionó 160 millones de contagios en todo el mundo y se cobró la vida de más de 3,3 millones de personas, de acuerdo a datos del Johns Hopkins University & Medicine Resource Center, y ante la falta, aún, de disponibilidad de vacunas en muchos países, en el último tiempo en el campo científico se comenzó a analizar la posibilidad de combinar diferentes fármacos, ante la eventual escasez de la segunda dosis de determinada formulación. Pero, ¿es seguro?

Todas las vacunas contra el nuevo coronavirus ampliamente disponibles, con la excepción de la de Johnson & Johnson de una sola inyección, requieren dos dosis. La primera prepara el sistema inmunológico y la segunda (generalmente, administrada unas semanas después) lo refuerza. La perspectiva de combinar dosis de vacunas ofrece la oportunidad de reforzar los lanzamientos de inoculantes y, potencialmente, aumentar la inmunidad proporcionada.

Algunos expertos se preguntan si la flexibilidad para permitir la vacunación de dosis mixtas podría ayudar a las personas a vacunarse por completo más rápido. Otros sostienen que mezclar dos vacunas diferentes podría hacer un mejor trabajo de protección contra el COVID-19. Muchos, en tanto, se mantienen escépticos. Sin embargo, el tema está en análisis.

Según los hallazgos preliminares de un estudio difundido esta semana en la revista especializada The Lancet, alternar dosis de diferentes vacunas contra el coronavirus provoca reacciones leves y moderadas más frecuentes que si se siguen los calendarios estándares de vacunación, con dos inyecciones del mismo preparado.

Un equipo liderado por especialistas de la Universidad Oxford, en Inglaterra, inició una investigación a principio de año con el objetivo de indagar sobre los efectos de la combinación de dos dosis de preparados fabricados por distintas farmacéuticas y encontró que aumentaba los efectos secundarios comunes esperables de una vacuna, como escalofríos, fiebre, dolor muscular en el lugar de la aplicación y fatiga.

Los expertos hallaron que cuando se dejaba entre las dosis un intervalo de cuatro semanas, aplicar combinaciones (Pfizer-BionNTech, seguido de Oxford-AstraZeneca y Oxford-AstraZeneca, seguido de Pfizer-BioNTech) generaba más reacciones leves o moderadas tras la segunda dosis que si se atendía al procedimiento estándar de no combinar diferentes inoculantes.

“Aunque se trata de una parte secundaria de lo que estamos intentado explorar mediante estos estudios, es importante que informemos a la gente acerca de estos datos, especialmente porque varios países están planteándose emplear estos calendarios de dosis mixtas”, sostuvo Matthew Snape, profesor asociado de Pediatría y Vacunas en la Universidad de Oxford, e investigador Jefe del estudio.

Los perfiles hematológicos y bioquímicos fueron similares entre los programas de vacunación heteróloga y homóloga, con todos los eventos adversos de laboratorio de gravedad de grado 2 o menos en el programa de vacunación heteróloga y sin trombocitopenia en ningún grupo el día siete después de la dosis de refuerzo”, detalla el estudio publicado en The Lancet.

Los expertos también observan que los datos recabados de sus pruebas fueron extraídos de participantes mayores de 50 años, por lo que sostienen que existe la posibilidad de que estas reacciones puedan resultar más prevalentes en grupos etarios más jóvenes.

Los hallazgos del estudio sugieren que “los calendarios de dosis mixtas podrían resultar en un incremento en las ausencias laborales el día después de la inmunización, y es importante considerarlo a la hora de planear la inmunización de los empleados del cuidado sanitario”, agregó Snape.

Sin embargo estas conclusiones son parciales. Las conclusiones finales del trabajo sobre la eficacia o seguridad estarán listas después de junio. El motivo es que, de los 830 voluntarios reclutados, a casi la mitad les administrarán la segunda dosis a los 84 días de la primera. Los datos publicados The Lancet se basan en los resultados preliminares que provocan las vacunas entre la otra mitad, la que recibió las dos dosis en un lapso de 28 días.

El concepto de combinar las vacunas —a veces llamado estímulo primario heterólogo— no es algo nuevo. Durante décadas, los científicos han investigado esta estrategia con la esperanza de hallar combinaciones eficaces contra toda una serie de virus como el de la influenza, el VIH y el del ébola.

La intercambiabilidad entre las vacunas es y ha sido a lo largo del tiempo un área de interés en la vacunología porque facilita mucho desde lo operativo; beneficia el cumplimiento de los programas de vacunación y evita oportunidades perdidas. Sin embargo, una característica de estas vacunas es que, por ahora, se aconseja no intercambiarlas. Por eso, si bien se trata de una iniciativa más que interesante, sería importante constatar que puedan ser intercambiables. Desde lo hipotético parece plausible”, había explicado recientemente consultado por este medio Francisco Nacinovich, jefe de Infectología del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires y miembro de la comisión de vacunas de la Sociedad Argentina de Infectología.

 

La Sociedad Argentina de Nefrología -la sociedad científica argentina por excelencia de esta especialidad, a través de su Grupo de Trabajo de Hipertensión Arterial y Daño Vascular, este 17 de mayo llama a la sociedad a tomar conciencia sobre la importancia de la Hipertensión Arterial, ya que existe un vínculo estrecho entre la misma y la enfermedad renal crónica . La hipertensión arterial es una enfermedad crónica que afecta a más del 25-30% de la población a nivel mundial. Entre las personas afectadas, un número importante no están tratadas y de aquellas que reciben tratamiento más del 50% no tienen las cifras de tensión controladas. 

La hipertensión arterial es la segunda causa de enfermedad renal crónica a nivel global.

La presión arterial es la fuerza de la sangre que empuja contra las paredes de los vasos sanguíneos mientras el corazón bombea sangre. La hipertensión arterial es el término médico para la presión arterial alta: un aumento en la cantidad de fuerza que la sangre ejerce sobre los vasos sanguíneos a medida que se mueve por el cuerpo.

 

Los resultados de la prueba de presión arterial se escriben con dos números separados por una barra inclinada. El primer número se llama presión arterial máxima o sistólica y mide la presión arterial cuando el corazón late; el segundo número es la presión arterial mínima o diastólica y mide la presión en los vasos sanguíneos cuando el corazón descansa entre latidos.

 

Para la mayoría de las personas, una presión arterial de 120/80 se considera normal, mientras que cualquier valor superior a 140/90 se considera anormal (hipertensión).

No todos los casos son iguales por eso lo mejor es consultar a su médico.

Vínculo entre la hipertensión y la enfermedad renal

La hipertensión puede causar enfermedad renal y junto a la diabetes son las dos causas más importantes de insuficiencia renal en muchos países.

La presión arterial alta puede dañar los vasos sanguíneos en los riñones, reduciendo su capacidad para funcionar correctamente. Si los vasos sanguíneos en los riñones están dañados, pueden dejar de eliminar los desechos y el exceso de líquido del cuerpo. Tener líquido extra en los vasos sanguíneos puede aumentar la presión arterial aún más, creando un ciclo peligroso.

 

Pero la enfermedad renal también puede causar presión arterial alta, y cuando esto sucede, esta presión alta hace que los riñones se deterioren más rápidamente. 

Aproximadamente nueve de cada diez personas con ERC etapas 3-5 tienen presión arterial alta. La hipertensión se considera una de las principales causas de Enfermedad Renal Crónica.

¿Cuáles son los síntomas de la presión arterial alta y la enfermedad renal?

La hipertensión no tiene síntomas iniciales, pero puede conducir a enfermedades y complicaciones a largo plazo, incluido el daño al corazón, los ojos y los riñones. El daño puede ocurrir gradualmente durante muchos años sin que se sienta. En algunos casos de hipertensión los pacientes pueden experimentar dolores de cabeza. La enfermedad renal tampoco tiene síntomas en las primeras etapas.  

 

La presión arterial alta se diagnostica mediante una serie de pruebas de presión arterial, medidas con un manguito de presión arterial. 

La enfermedad renal se diagnostica con tres estudios simples como el dosaje de la creatinina en sangre, un examen de orina y una ecografía renal.

Tomar medidas para reducir la presión arterial ayudará a retrasar o prevenir la enfermedad renal.

La presión arterial se puede controlar con medicamentos y con un simple cambio de estilo de vida que se podrá aconsejar desde el mostrador, por ejemplo:

*Llevar una alimentación saludable, es decir cumplir una dieta que sea baja en grasas y colesterol, que contenga leche y productos lácteos sin grasa o bajos en grasa; con ingesta de pescado, aves y nueces.

*Reducir el consumo de carnes rojas, dulces, azúcares agregados y bebidas azucaradas.

*Incorporar nutrientes, proteínas y fibra.

*Realizar actividad física.

*Mantener un peso saludable.

*Dejar de fumar

*Manejar el estrés

 

Controlar la presión arterial ayuda a proteger los riñones de daños mayores. Esta es la razón por la cual es tan importante que las personas con presión arterial alta se hagan estudios para determinar si hubiera una afectación renal.

Para el control correcto de la la hipertensión, la SAN también aconseja:

*Asistir a las citas programadas con el médico.

*Consultar con su médico cómo puede aprender a tomarse la presión arterial en su casa. *Mantener un registro de la presión arterial diaria y compartirla con el profesional en cada visita o teleconsulta.

*Tomar los medicamentos para la presión arterial exactamente como las prescribió el médico, aún cuando se sienta bien.

*Informar al médico tratante (clínico, cardiólogo, nefrólogo, entre otros) sobre cualquier efecto colateral del medicamento. Nunca dejar de tomar un fármaco por cuenta propia.

*Informarse todo lo posible sobre el tratamiento prescripto. Llevar una lista de las preguntas a la consulta médica ayuda a no olvidarse de nada y no sentir temor de preguntar si hay dudas o algo no haya quedado claro

A medida que se avanza en la evidencia y en las pruebas de eficacia y seguridad sobre las vacunas contra la COVID-19, el Gobierno suma nuevos grupos poblacionales a los que priorizar y proteger mediante la inmunización, y los convoca a inscribirse a través de la web Buenos Aires Vacunate o de la aplicación VacunatePBA.

Entre ellos, y en el marco de una política de cuidado, la Provincia promueve ahora la inscripción de las personas embarazadas o que estén amamantando que tengan enfermedades preexistentes, ya que serán priorizadas para vacunarse a partir de la observancia de complicaciones cuando contraen COVID-19.

Al inicio de la campaña, se contempló como grupos priorizados para recibir la vacuna a quienes tienen enfermedades cardiovasculares, enfermedad pulmonar crónica o renal crónica, diabetes y obesidad. En las últimas semanas, la priorización y convocatoria sumó, además de embarazadas con comorbilidad, a las personas con cirrosis, enfermedades con compromiso inmunológico como VIH y otras inmunodeficiencias, enfermedades oncohematológicas, trasplantados/as o en lista de espera para trasplante y pacientes que toman medicación inmunosupresora.

Estos nuevos grupos poblaciones priorizados (a los que se recomienda dejar constancia de su patología en la inscripción), presentan más riesgo de sufrir cuadros graves que requieran internación si contraen COVID-19. Por eso, se suman a las categorías que ya estaban presentes en los formularios digitales de la web Buenos Aires Vacunate (https://vacunatepba.gba.gob.ar/) y de la aplicación VacunatePBA.

Segunda ola y embarazo

Tanto las embarazadas como las personas que estén amamantando y que tengan alguna de las enfermedades de riesgo mencionadas deberán agregar en la inscripción para vacunarse el dato de la enfermedad preexistente, lo que les permitirá ser priorizadas a la hora de asignarles un turno. También deberán detallar si son personal de salud, seguridad o educación, sectores incluidos en los grupos priorizados.

“Durante esta segunda ola de la pandemia, la evidencia científica y los datos que manejamos en la Provincia de Buenos Aires a partir de la vigilancia activa está mostrando que las personas embarazadas y que amamantan que además padecen alguna comorbilidad como diabetes, hipertensión arterial u obesidad por ejemplo, son más proclives a sufrir complicaciones y cuadros graves que requieren internación asociadas al COVID 19”, explicó la Directora Provincial de Equidad de Género en Salud, Sabrina Balaña.

Por eso, desde la cartera sanitaria bonaerense se recomienda que aquellas personas que se anotaron como embarazadas o en período de lactancia pero que no consignaron patologías preexistentes, reingresen al sitio web Buenos Aires Vacunate o a la aplicación VacunatePBA y lo agreguen. La Provincia de Buenos Aires busca recabar la mayor cantidad de datos sobre las personas en esta condición para priorizar su cuidado en el marco de la campaña, y para ello es fundamental consignar esta doble condición.

Balaña pidió también que los equipos de salud que asisten a las personas gestantes promuevan la vacunación contra COVID-19 en las consultas como política de cuidado y difundan la necesidad de que se inscriban para poder ser inmunizadas.

Las autoridades de Rusia anunciaron que registraron la vacuna monodosis Sputnik Light, que tendría una eficacia del 79,4 por ciento y con la que Moscú busca dar un nuevo impulso a la campaña de vacunación, pues es una opción que permite inmunizar a un gran número de personas en tiempos más reducidos. Sputnik V, de dos dosis, tiene una eficacia del 91,6 por ciento, según sus desarrolladores.

Según un comunicado del Fondo de Inversiones Directas de Rusia (FIDR), el nuevo preparado protege contra las variantes del SARS-CoV-2 conocidas hasta ahora. Así se desprende de los resultados de los análisis efectuados por el Instituto Gamaleya de Rusia, desarrollador del fármaco. La eficacia reportada responde a la información obtenida 28 días después de que la inyección fue administrada.

“Sputnik Light no requiere de condiciones especiales de almacenamiento y transporte y tiene un precio asequible de menos de 10 dólares”, dice la nota del FIDR, el fondo ruso encargado de la promoción y la comercialización de la vacuna. Según el director del Centro Gamaleya, Alexandr Ginzburg, la Sputnik Light puede ser una buena opción tanto para la vacunación inicial como para la revacunación.

Ensayos en curso

El Fondo de Inversiones señala que la vacuna fue desarrollada sobre una base “estudiada y verificada” de adenovirus humanos que destacan por su seguridad, efectividad y la ausencia de efectos adversos a largo plazo, y que se ha usado como parte del programa masivo de vacunación ruso desde el pasado 5 de diciembre. Desde esa fecha se han tomado y analizado los efectos en los pacientes.

Además, actualmente se están realizando ensayos de fase III en Rusia, Emiratos árabes, Ghana y otros países, en donde participan unos 7.000 voluntarios. Se espera que a fines de este mes se entreguen datos más concretos sobre la vacuna. Al mismo tiempo, Gamaleya precisa que el preparado principal para la inmunización de la población sigue siendo la vacuna Sputnik V, que se aplica en dos dosis y fue autorizada para su uso en más de 60 países.

La mayoría de las personas que contraen COVID-19 y se recuperan probablemente sean inmunes durante varios meses después, según detectó un estudio denominado SIREN que ha implicado a más de 20.000 trabajadores de la salud en el Reino Unido y que fue publicado en The Lancet.

El estudio llegó a la conclusión de que las respuestas inmunes de infección pasada pueden reducir el riesgo de contraer el virus de nuevo en un 83% durante al menos 5 meses.

“En el transcurso del año pasado, los informes de infecciones repetidas con SARS-CoV-2 han debilitado la confianza en la capacidad del sistema inmunológico para mantener sus defensas contra el virus. Los resultados provisionales del estudio mitigan algunos de esos temores -explicó la investigadora principal Susan Hopkins, asesora médica senior de Public Health England en Londres-. Los datos sugieren que la inmunidad natural podría ser tan efectiva como la vacunación, al menos durante el período de cinco meses que el estudio ha cubierto hasta ahora”.

Los datos sugieren que las infecciones repetidas son raras: ocurrieron en menos del 1% de aproximadamente 6.600 participantes que ya habían estado enfermos con COVID-19. Pero los investigadores también encontraron que las personas que se reinfectan pueden portar altos niveles del virus en la nariz y la garganta, incluso cuando no muestran síntomas. “Tales cargas virales se han asociado con un alto riesgo de transmitir el virus a otros”, destacó Hopkins.“La reinfección es bastante inusual, así que son buenas noticias”, según apreciación del inmunólogo John Wherry de la Universidad de Pensilvania en Filadelfia. Aunque advierte que “no implica ser libre de andar sin una mascarilla”.

SIREN es el estudio más grande de reinfección por coronavirus que detecta sistemáticamente infecciones asintomáticas. Cada dos a cuatro semanas, los participantes se someten a análisis de sangre para detectar anticuerpos contra el SARS-CoV-2, así como a pruebas de PCR para detectar el virus en sí.

Durante los cinco meses que duró el estudio, el equipo encontró 44 posibles reinfecciones. En el grupo de 14.000 participantes que no habían sido previamente infectados, 318 personas dieron positivo por el virus.

“Algunas de las reinfecciones aún se están evaluando”, explicó Hopkins. Las 44 se consideran reinfecciones “posibles”, y se clasificaron sobre la base de pruebas de PCR combinadas con medidas de detección para reducir el riesgo de volver a detectar el virus de la infección inicial. Hasta ahora, solo 2 de estos 44 casos han pasado pruebas más estrictas para ser clasificados como “probables”. El estudio no evaluó si los síntomas fueron mejores o peores durante la segunda infección que durante la primera, pero Hopkins señala que “solo alrededor del 30% de las personas con posibles reinfecciones informaron algún síntoma, en comparación con el 78% de los participantes con infecciones por primera vez”.Por el momento, el equipo no tiene suficientes datos para determinar quién podría estar en mayor riesgo de reinfección. El inmunólogo George Kassiotis del Instituto Francis Crick en Londres señala que los participantes en el estudio eran principalmente mujeres, y en su mayoría menores de 60 años. “Es poco probable que este grupo experimente la forma más grave de COVID-19, y puede que no sea representativo de la población en su conjunto”.

Los investigadores todavía están recopilando datos; esperan tener una idea de cuánto dura la inmunidad e investigar los efectos de una variante del SARS-CoV-2 llamada B.1.1.7, que surgió en 2020 y se ha extendido rápidamente por todo el país. “Aunque hay muchas razones para sospechar que la protección existente debería cubrir nuevas variantes, es posible que las respuestas inmunitarias generadas contra una variante sean menos efectivas contra otra -concluye Kassiotis-. Esa todavía es una pregunta abierta”.

La nitazoxanida es un 5-nitrotiazol con actividad antiparasitaria y antibacteriana de amplio espectro. Este fármaco, derivado sintético de la sialicilamida, es efectivo contra una gran variedad de parásitos y bacterias, muchas de las cuales ocasionan síntomas como diarrea y otros malestares, que infectan tanto a animales como a seres humanos y se administra a través de comprimidos o por suspensión líquida.

Sin embargo, en la carrera por buscar nuevos tratamientos que puedan ayudar a reducir el agravamiento de los síntomas de COVID-19, el virus que ya ocasionó casi 148 millones de contagios en todo el mundo y provocó la muerte de 3,1 millones de personas, según los últimos datos del Johns Hopkins Medicine & University Resource Center, esta droga podría ser utilizada para tratar a los pacientes con coronavirus.

La nitazoxanida es una droga conocida en el mundo, que presenta escasos efectos adversos, generalmente leves y pasajeros, de tipo gastrointestinales. La medicación actúa fundamentalmente inhibiendo la expresión de una proteína viral denominada ‘N’ y también suprimiría la producción de citoquinas proinflamatorias, que se cree intervienen en el proceso de la enfermedad por COVID-19.

“La nitazoxanida es un antiparasitario que viene siendo utilizado hace mucho tiempo para distintas infecciones producidas por parásitos, pero también ha sido utilizado con éxito en distintas infecciones virales respiratorias, como la influenza, como el MERS y también a nivel de investigación clínica en hepatitis virales”, explicó Marcelo Silva, jefe de Hepatología del Hospital Universitario Austral.

Recientemente, el laboratorio estadounidense Romark, basado en Tampa, Florida, anunció los resultados iniciales de un ensayo clínico de Fase III de su nuevo fármaco candidato, nitazoxanida, en investigación NT-300 (tabletas de liberación prolongada de nitazoxanida, 300 mg) versus placebo como tratamiento para COVID-19 moderado. Basándose en los hallazgos, Romark está trabajando con la Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA) para solicitar una autorización de uso de emergencia en ese país.

Hoy, este antiparasitario se utiliza mayormente en adultos, aunque también puede ser utilizado en niños, para tratar infecciones por parásitos como ascaris y giardia lamblia. Esta última produce síntomas, que suelen aparecer de una a tres semanas después de la exposición a la enfermedad, y pueden incluir diarrea, fatiga, cólicos estomacales e hinchazón, gases, náuseas y pérdida de peso, explican desde la Mayo Clinic.

Se trata de un antiparasitario muy bueno y eficaz contra protozoarios y gusanos intestinales; ya hace un tiempo surgió la posibilidad de probarlo en esta pandemia”, comentó el epidemiólogo Hugo Pizzi. Es que, según detalló el especialista, este fármaco se probó durante la epidemia de MERS-CoV, una enfermedad respiratoria vírica que se inició en abril de 2012 en Medio Oriente, provocada por otro coronavirus. “El virus del MERS es un coronavirus primo de este y además, en su momento, fue probada en patologías de vías aéreas superiores y cuadros gripales. Con el MERS disminuía citoquinas responsables del cuadro inflamatorio”, añadió.

La nitazoxanida fue evaluada contra un amplio rango de parásitos, incluyendo protozoos, nematodos, cestodos y trematodos, de modo de respaldar la evaluación clínica en humanos. “Se usa hace mucho para tratar parásitos o infecciones intestinales. El estudio está en Fase III y los resultados mostrarán su efectividad o no. Modificaría el rumbo de la enfermedad y evitaría agravamientos. Pero aún no se sabe. Es algo similar a lo que sucedía con la ivermectina”, en tanto, el médico pediatra Carlos Kambourian.

 

Estudios en la Argentina

La nitazoxadina está siendo investigada en la Argentina con prometedores resultados en un estudio clínico piloto con 135 pacientes con diagnóstico confirmado de COVID-19 y síntomas leves a moderados. El trabajo, que está publicado en el sitio internacional Clinical Trials, se está llevando adelante en el Hospital Universitario Austral y en la Clínica del Pilar de Ciudadela, ambos en la Provincia de Buenos Aires.

Silva, junto a su equipo de Investigación Clínica, había iniciado un estudio de eficacia y seguridad de este medicamento en el tratamiento de pacientes con infección por virus SARS-CoV2 (COVID-19con síntomas leves o moderados a mediados del año pasado. El objetivo principal de la investigación fue el de evaluar si el medicamento evita la progresión de la enfermedad a estadios adonde se requiera la internación con asistencia intensiva.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) otorgó este viernes su homologación de emergencia a la vacuna contra el covid-19 de la firma estadounidense Moderna. De esta manera, se convierte en el cuarto inoculante que obtiene esta luz verde del organismo de la ONU luego de que así lo hicieran los de Pfizer, AstraZeneca y Janssen (Johnson & Johnson).

Esta aprobación implica que las vacunas de Moderna pueden formar parte del programa COVAX, mediante el que la OMS distribuye dosis de vacunas -principalmente a países en desarrollo- y que hasta ahora mayoritariamente ha enviado vacunas fabricadas por AstraZeneca. Y también contribuye a que los países que no tienen medios para determinar si un medicamento es eficaz e inocuo, puedan acceder más rápidamente al mismo.

Previamente, la vacuna de Moderna, que al igual que aquella desarrollada por Pfizer usa la tecnología del ARN mensajero, había sido revisada por el Grupo Estratégico Asesor de Expertos, también ligado a la OMS, que ya había recomendado su uso en pacientes mayores de 18 años.

La OMS revisa estos días también el posible uso de emergencia de las vacunas chinas fabricadas por los laboratorios Sinopharm y Sinovac, aunque por ahora no ha emitido ninguna conclusión, pese a que los expertos de la organización iniciaron el estudio de los datos de la primera de ellas antes que los de Moderna.

La vacuna rusa Sputnik V, del laboratorio Gamaleya, también es tomada en consideración para un posible listado, aunque se encuentra en fases anteriores del proceso de homologación por parte de la OMS, a la espera de tener más datos para tomar la decisión de incluirla.

La vacuna de Moderna ha mostrado una eficacia del 94,1 % en pruebas de laboratorio y, según remarcó la OMS, puede mantenerse a temperaturas de entre 2 y 8 grados, similares a las de una nevera común, por lo que no necesita conservarse en ultrafrío, lo que facilita su distribución y almacenamiento.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos emitió una autorización de uso de emergencia para la vacuna Moderna el 18 de diciembre de 2020 y la Agencia Europea de Medicamentos concedió una autorización de comercialización válida en toda la Unión Europea el 6 de enero de 2021.

Las autoridades de Moderna declararon el jueves que esperaban producir hasta 3.000 millones de dosis de su vacuna en 2022 mediante nuevos compromisos de financiación para impulsar el suministro en los centros de fabricación de Europa y Estados Unidos.

El fármaco oral experimental de Pfizer para tratar el Covid-19 ante síntomas de la enfermedad podría estar disponible para fin de año, tal y como ha señalado este martes el director ejecutivo de la compañía, Albert Bourla, en una entrevista en la cadena CNBC.

Pfizer comenzó en marzo un ensayo clínico en fase 1 con un tratamiento antiviral oral contra el Covid-19. Este estudio, iniciado en Estados Unidos, analizaba la efectividad del PF-07321332, un inhibidor de la proteasa que ha demostrado tener una potente actividad antiviral in vitro. Los inhibidores de la proteasa se utilizan para tratar otros patógenos virales como el VIH y la hepatitis C.Si los ensayos clínicos van bien y la FDA lo aprueba, el medicamento podría distribuirse en los EEUU antes de fin de año, ha señalado Bourla.

Los expertos confían en que el medicamento, que se toma por vía oral, constituya una herramienta clave para combatir al Covid-19 ya que las personas recién infectadas podrían usarlo fuera de los hospitales.

Covid: Vacuna Pfizer para niños

Además de este medicamento, Pfizer está probando su vacuna en niños de 6 meses a 11 años. A principios de este mes, la compañía le pidió a la FDA que expandiera su autorización de vacuna a adolescentes de 12 a 15 años después de que un estudio señalara que la inyección es 100 por 100 efectiva.

En este sentido, Bourla se ha mostrado muy optimista de que la FDA aprobará el uso de la inyección en adolescentes.

En lo que va de abril de 2021, el 56,3 por ciento de los internados en terapia intensiva en hospitales nacionales de Argentina son menores de 60 años, en línea con la tendencia que se viene registrando en otros países de la región durante 2021, tal como informó ayer la Organización Panamericana de la SALUD (OPS).

De ese porcentaje, el 43,8 % corresponde a mayores de 60 años, el 44,8 % al grupo de entre 40 a 60 y el 11,5 % al grupo entre 15 y 40 años. Además, en terapia intermedia la situación se repite con un 40 % de ocupación de mayores de 60; un 50,7 % correspondiente al grupo etario de entre 40 y 60 y 9,3 % al grupo entre 15 y 40 años.

El patrón coincide con los resultados de un estudio de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (SATI) que arrojó “una alta ocupación de camas a predominio de pacientes jóvenes graves portadores de la COVID-19, con un alto requerimiento de asistencia respiratoria mecánica y de posición prono” (boca abajo).

El estudio se basa en una encuesta a nivel nacional del 16 de abril en la que participaron 163 unidades de terapia intensiva (52% públicas y 48% privadas), y que representan 3.332 camas a nivel país. El promedio de edad de los pacientes internados el día del estudio fue de 53 ± 8 años, indicó la SATI.

Sin embargo, en cuanto a la mortalidad, en Argentina el grupo de edad más afectado continúa siendo el de 60 años y más, con un aumento de la tasa de letalidad conforme aumenta la edad. El 83,3 % de los fallecidos en 2021 correspondió a mayores de 60 años.

“Casi el 60 % de los internados en terapia son menores de 60 años, pero en los fallecidos vemos que siguen siendo los mayores de 60 años”, precisó la directora nacional de Epidemiología del ministerio de Salud, Analía Rearte. “Todavía tenemos para un par de semanas más de tensión, esta disminución es muy incipiente”, agregó.

La situación en otros países de la región

En un alerta epidemiológica de ayer, la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS) indicó que si bien el número de hospitalizaciones, de internaciones en unidades de terapia intensiva (UTI) y de defunciones por COVID-19 eran más altas en adultos mayores y en aquellas personas con comorbilidades, “a nivel global se observa un cambio del perfil de la edad de los casos hospitalizados, y hospitalizados en UTI, con una mayor tasa de hospitalización en población más joven”.

A nivel regional, el alerta de la OPS menciona los casos de Brasil, Chile, Paraguay y Perú en los que se registra “el incremento de severidad en población menor de 60 años”.

Según el informe, en Brasil cuando se compara la tasa de hospitalización más alta ocurrida en 2020 (13 de julio) con la tasa más alta ocurrida en 2021 (10 de marzo) se observa que los menores de 39 años, y los grupos de 40-49 años así como los de 50-59 años duplicaron el valor de las tasas de hospitalización. El mayor incremento porcentual se registró en el grupo de 40-49 años (56 %), seguido por los menores de 39 años (53 %) y el grupo de 50-59 años (51 %). Entre los adultos mayores de 60 años el incremento fue menor con 32 %.

Respecto de las tasas de mortalidad, el informe de OPS señala que en Brasil se observa un incremento desde inicios de diciembre de 2020 en todos los grupos etarios, y que se mantiene la mayor tasa de mortalidad en los adultos mayores en un rango que osciló entre 1,8 por 100.000 habitantes y 142,7 por 100.000 habitantes (marzo 2021). En los menores de 39 años el rango es de 0,0 a 2,9 por 100.000 habitantes; mientras que en el grupo de 40-49 años de 0,2 a 19,4 por 100.000 habitantes en y en el grupo de 50-59 años de 0,3 a 41,6 por 100.000 habitantes.

Sin embargo, al comparar las tasas de mortalidad registradas en diciembre 2020 con las de marzo 2021, se observa que mientras en los adultos mayores se duplicó, en los menores de 39 años y en el grupo de 40-49 años se cuadruplicó mientras que en el grupo de 50-59 años se triplicó.

La situación se replica en Chile, en el que si bien las tasas de ocupación diaria de las camas de UTI muestran que entre abril y diciembre de 2020, a mayor edad, mayor tasa de hospitalización, desde mediados de marzo de 2021 en adelante se observa un cambio en ese patrón.  Así el grupo de 50-59 años presentó una tasa mayor que la de los adultos mayores.

Además, en los menores de 49 años la tasa se triplicó con incrementos de 71 % y 65% en los menores de 39 años y en el grupo de 40-49 años respectivamente; mientras que en el grupo de 50-59 años la tasa se duplicó. Por otro lado, en el mismo periodo, el grupo de mayores de 60 años presentó un descenso de 8 % en la tasa de hospitalización en UTI.

Al comparar las tasas de mortalidad registradas en diciembre 2020 con las tasas registradas en marzo 2021, se observó que todos los grupos etarios las duplicaron y que los mayores incrementos porcentuales se observaron en los grupos de 50-59 años (60%) y en los menores de 39 años (59%).

En Paraguay las tasas de mortalidad de marzo de 2021 son las más altas registradas desde las primeras defunciones ocurridas en ese país, en todos los grupos etarios.

Luego, al comparar las tasas de mortalidad de diciembre 2020 con las tasas de marzo 2021, en Paraguay se observó que los grupos etarios de 50-59 años y de mayores de 60 años las tasas se duplicaron, en tanto que en los menores de 39 años la tasa de mortalidad se triplicó y en el grupo de 40-49 años se quintuplicó.

Finalmente, en Perú al comparar las tasas de mortalidad registradas en diciembre 2020 con las tasas registradas en marzo de 2021, se observó que tanto en los menores de 39 años y en los de 60 y más las tasas se triplicaron con un incremento relativo de 66 y 67 % respectivamente. Mientras que los grupos de 40-49 años y de 50-59 años esas tasas se cuadruplicaron e incrementaron en 73% y 77% respectivamente.