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El reflujo ácido se asocia con cáncer del tracto digestivo superior y respiratorio en adultos mayores, según los resultados de una investigación realizada por el doctor Edward D. McCoul, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Tulane, en Nueva Orleans, Estados Unidos, y coautores.

Los cánceres de los tractos digestivo superior y respiratorio representan más de 360.000 muertes en todo el mundo cada año. Se cree que estos cánceres son generados por diversos factores, incluida la inflamación crónica. Los estudios que examinaron un vínculo entre la enfermedad inflamatoria por reflujo gastroesofágico (ERGE o reflujo ácido) y el desarrollo de cáncer en el tracto digestivo superior y respiratorio han tenido resultados contradictorios.

Para este trabajo, los autores analizaron a 13.805 pacientes con cáncer del tracto respiratorio y del tracto digestivo superior y 13.805 pacientes sin cáncer; la información del paciente provino de la base de datos de Vigilancia, Epidemiología y Resultados Finales (SEER) de Medicare, un registro de pacientes con cáncer y sus tratamientos y resultados, entre 2003-2011.

Se trata de un estudio observacional de casos y controles. Los pacientes con cáncer del tracto digestivo superior y respiratorio (resultado) se compararon con aquellos sin cáncer para examinar si el ERGE (exposición) se asocia con el cáncer. Los científicos no intervinieron a los fines del estudio y no pueden controlar las diferencias naturales que podrían explicar los hallazgos del estudio.

En todo caso, los autores detectaron que el ERGE se vinculó con cáncer de garganta, amígdalas y partes de los senos paranasales. Entre las limitaciones del estudio están que no tenían información sobre el consumo de tabaco y alcohol del paciente, que son los factores de riesgo más bien establecidos para el cáncer del tracto respiratorio y del tracto digestivo superior. Los diagnósticos se basaron en los códigos ICD-9 que se utilizan para facturación en lugar de fines clínicos.

El ERGE se vinculó con el cáncer en adultos mayores en el tracto digestivo superior y respiratorio. Según los investigadores, esta asociación requiere más estudios para determinar la causalidad y posiblemente identificar una población en riesgo para que puede mejorarse la vigilancia pueda y comenzar antes el tratamiento.

Fuente: El Economista – España

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Los medicamentos antitrombóticos (reducen la formación de coágulos sanguíneos), como la ‘Warfarina’ y la ‘Aspirina’, están entre los más comúnmente prescritos y también entre los medicamentos más normalmente vinculados con eventos adversos. Aunque la hematuria representa un acontecimiento adverso menos mortal que el sangrado intracraneal o gastrointestinal, es común e implica una evaluación diagnóstica, incluyendo imágenes de abdomen y pruebas y manejo invasivos.

La prevalencia, la gravedad y los factores de riesgo de la hematuria relacionados con el uso de agentes antitrombóticos son en gran parte desconocidos. Por ello, el profesor Robert K. Nam, del Centro de Ciencias de la Salud Sunnybrook, de la Universidad de Toronto, Canadá, y sus colegas realizaron un estudio que incluyó a ciudadanos de Ontario, Canadá, de 66 años y más, y examinó las tasas de complicaciones relacionadas con hematuria entre pacientes que toman fármacos antitrombóticos.

Entre 2.518.064 pacientes, 808.897 (con una edad promedio de 72 años) recibieron al menos una receta para un agente antitrombótico durante el periodo del estudio (2002-2014). A lo largo de un seguimiento medio de 7,3 años, las tasas de complicaciones relacionadas con la hematuria (definidas como visitas al servicio de urgencias, hospitalización o procedimiento urológico para investigar o administrar hematuria macroscópica [sangre en la orina que se puede ver a simple vista]) fueron 124 eventos por 1.000 años-persona entre los pacientes expuestos activamente a los agentes antitrombóticos frente a 80 eventos entre los no expuestos a estos fármacos.

Aunque hubo variación entre los medicamentos, esta relación estaba presente para todos los fármacos examinados. Los factores fácilmente identificables, incluyendo la edad del paciente, el sexo masculino, la comorbilidad y la enfermedad urológica preexistente, se vincularon significativamente con las tasas de hematuria macroscópica.

Fuente: El Economista – España

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