Hoy en Revista Dosis

El estudio genético sobre presión arterial más extenso hasta la fecha recopila más de mil regiones implicadas, lo que podría impulsar el desarrollo de medidas preventivas y nuevos tratamientos.

 
 
Un estudio que ha involucrado a más de un millón de participantes desvela 500 nuevas regiones genéticas que influyen en la presión arterial. El trabajo se publica en Nature Genetics y tiene a Mark Caulfield, de la Universidad Queen Mary de Londres, y a Paul Elliott, del Imperial College London, como autores principales.

 

Con estos resultados, las regiones de genes vinculadas a la presión arterial se elevan a más de mil; además, explican casi un tercio de los factores heredados que influyen en los niveles tensionales. También aclara el papel de estos genes, no solo en los vasos sanguíneos, sino en las glándulas suprarrenales y en la grasa corporal.

El profesor Mark Caulfield, director del Centro Barts de Investigación Biomédica del Instituto Nacional británico NIHR, afirma: “Este es el avance más importante en la genética de la presión arterial hasta la fecha. Ahora sabemos que hay más de mil señales genéticas que influyen en nuestra presión arterial. Esto nos proporciona nuevos conocimientos sobre cómo nuestro organismo regula la presión arterial y revela varias nuevas oportunidades para el futuro desarrollo de medicamentos”.

El profesor Roberto Elosua participa en el estudio.
En el estudio, analizaron el ADN de más de un millón de personas (incluidos casi 500.000 de la cohorte Biobanco, de Reino Unido) e hicieron una referencia cruzada de la información genética con los datos de presión arterial. Entre los investigadores que han colaborado en el estudio se encuentra Roberto Elosua, coordinador del Grupo de investigación de Epidemiología y Genética Cardiovascular del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM).

El estudio sugiere algunas dianas potenciales para desarrollar fármacos frente a la hipertensión y también algún que otro reposicionamiento de medicamentos prescritos para otras enfermedades. Por ejemplo, una de las regiones genéticas desveladas es el objetivo del fármaco antidiabético canagliflozina.

También se ha constatado que ciertos genes implicados en la presión arterial lo están en otras patologías; es el caso de APOE y la enfermedad de Alzheimer.

“Con esta información, podríamos calcular el nivel de riesgo genético de una persona para la presión arterial alta a lo largo de su vida. Adoptando un enfoque de medicina de precisión, los médicos podrían dirigir intervenciones tempranas de estilo de vida en aquellos con un riesgo genético alto, como perder peso, reducir el consumo de alcohol y hacer más ejercicio”.

El profesor Paul Elliott, del Imperial College London, asegura que “identificar este tipo de rasgos genéticos nos ayudará cada vez más a dividir a los pacientes en grupos según su riesgo. Al identificar a los pacientes con el mayor riesgo subyacente, podemos ayudarlos a cambiar los factores de estilo de vida que los hacen más propensos a desarrollar enfermedades”, además de posibilitar abordajes específicos preventivos.

Fuente: Diario Médico – España / COFA

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La gente procesa mejor las malas noticias bajo estados de estrésporque las amenazas disuelven la tendencia humana de ser "demasiado optimista", según un estudio publicado este lunes en la revista especializada Journal of Neuroscience.

Investigadores de la Universidad de Princeton en Nueva Jersey (EE.UU.) indujeron estrés a un grupo de personas en un experimento de laboratorio simulando varios eventos que producen agobio, como diciéndoles que tenían que realizar un discurso público por sorpresa.

Después de que sus niveles de nerviosismo aumentaran considerablemente, pidieron a los participantes que estimaran la posibilidad de que pudieran estar involucrados en un accidente automovilístico o ser víctimas de un fraude con tarjeta a lo largo de su vida, entre otras situaciones.

Más tarde, los científicos les preguntaron por escenarios positivos hipotéticos y solicitaron nuevas estimaciones.

El profesor de la Universidad de Princeton, Neil Garrett, y sus colegas efectuaron las mismas preguntas a otro grupo que no fue expuesto a situaciones de estrés.

Al final de las pruebas, el equipo liderado por Garrett comparó las respuestas de ambos grupos con la probabilidad real de que esas personas vivieran los escenarios descritos.

De acuerdo a los resultados, los participantes que no habían sido sometidos a momentos de agobio prestaron más atención a las buenas noticias y consideraron más posibilidades de que les ocurrieran que las malas.

Por el contrario, aquellos que sí fueron sometidos a situaciones de estrés no mostraron ese sesgo "demasiado optimista", según los autores, y mostraron un mejor procesamiento de las malas noticias, es decir, más ajustado a la realidad.

Estas conclusiones fueron similares en un análisis del mismo equipo científico sobre el cuerpo de bomberos del estado de Colorado, que experimentan períodos de estrés como parte de su trabajo.

Fuente: EFE / Clarín Salud

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Marianela ya no aguantaba más. Después de casi tres años, la paciencia (quizás su mayor virtud) se le agotó. Sus ojeras, que el maquillaje apenas podía disimular, y su aletargado estado cotidiano la llevaron a la fuerza a tomar decisiones que no le agradan, pero que agradece. Todo se desencadenó una noche que, como tantas otras, su marido Pablo no la dejaba dormir por sus fuertes ronquidos. Malhumorada, algo extraño en ella hasta hace poco tiempo, lo zarandeó -no sin algo de bronca-, y lo mandó a dormir al living sin contemplaciones. “Era eso o divorciarme. Ya no había alternativa posible”, comenta resignada. Pablo, en tanto, debe arreglárselas en el sillón hasta que encuentre como frenar los malditos ronquidos que le afectan la calidad de vida; y la de su familia.

Ellos son, como millones de argentinos, una pareja afectada por los ronquidos y las apneas de sueño. En el país, el 45 por ciento de la población de hasta 40 años ronca. Luego de los 70, ocho de cada diez personas sufren de este mal, que afecta generalmente más a los hombres que a las mujeres, al menos hasta llegar a la menopausia, cuando las estadísticas se emparejan.

Las causas de los ronquidos son tantas como los intentos estériles para combatirlos. Es una entidad multicausal, es decir que no hay una causa única. Sin embargo, las consultas más recurrentes son la alteración del velo del paladar (una flaccidez de los tejidos que producen una vibración) y la insuficiencia nasal, ya sea por desviaciones en el tabique o por aumentos de tamaño de los tejidos de la nariz, que terminan obstruyendo el pasaje del aire. El sobrepeso, el consumo de alcohol, el tabaquismo, en la mujer la menopausia y ciertos medicamentos empeoran el cuadro.

Roncar, además, puede derivar en serios problemas de salud como la bronquitis crónica, enfermedades cardiovasculares y triplicar las probabilidades de desarrollar diabetes tipo 2. La ciencia, aunque viene hace años combatiendo los ronquidos, no ha podido encontrar una solución… hasta ahora.

La Nasa al rescate

Afortunadamente, la Agencia Espacial Estadounidense, Nasa, como una suerte de gran hermano orwelliano, afirma tener la solución que durante tanto tiempo se les ha escapado a tantísimos especialistas de todo el mundo. Y es tan sencilla que parece que estuvieran realizando una broma.

Y el remedio, según las brillantes mentes de la Nasa, es conseguir una planta de ananá, e instalarla en el dormitorio. Sí, una planta de ananá, o ananas comosus según su nombre científico. Y listo. Problema solucionado.

Al menos así lo aseguran los científicos de la NASA, que realizaron un estudio que demostró que dormir con esta planta puede ayudar a reducir los ronquidos de medianoche considerablemente. Los investigadores, según publica The Daily Mail, afirman que las plantas producen más oxígeno y mejoran la calidad del aire durante toda la noche y, por lo tanto, ayudan a dormir mejor (y más tranquilo).

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