Dermocosmética | Protección solar en niños
Los niños son uno de los grupos de la población en los que más se debe extremar la fotoprotección (Fp), debido a que pasan mucho tiempo al aire libre y porque la mayor incidencia de cáncer de piel en el adulto depende del fotodaño acumulado desde la infancia. La Fp es fundamental desde los primeros años de vida, y en este sentido es necesario informar a los padres, así como desarrollar campañas educativas que concienticen a toda la comunidad acerca de los beneficios que genera cuidar a los niños del sol, a corto y a largo plazo. En esta labor, es muy importante que los farmacéuticos se sumen para asesorar a los clientes, no sólo acerca de fotoprotectores, sino de todas aquellas medidas imprescindibles para disfrutar del sol sin riesgos.
Los efectos biológicos de la luz solar sobre la piel del niño y del adulto se deben a la radiaciones ultravioletas (UV) A y B, que forman parte de su espectro. Los UVA corresponden al 95% de los UV que impactan en la piel y están presentes todo el día. La piel recibe 1000 veces más UVA que UVB. Penetran hasta la dermis profunda y con el tiempo favorecen el fotoenvejecimiento y fotocarcinogénesis. Producen eritema solar en menor medida que los UVB, y si bien son menos mutagénicos que éstos, también predisponen al cáncer cutáneo, porque son inmunosupresores e inhiben la reparación del ADN. Los UVB tienen mayor energía, y el 90% se absorbe en la epidermis. Son filtrados por la atmósfera y llega a la piel un 10%. La mayor concentración se registra entre las 10 a 14 horas. Corresponden a la “banda de eritema”, ya que son los principales responsables de la quemadura solar. También broncean. Los UVB desempeñan un papel fundamental en la génesis del cáncer cutáneo, debido a que inducen daño del ADN nuclear de queratinocitos y melanocitos, y suprimen la respuesta inmune.
La cantidad de radiación UV que llega a la superficie terrestre se modifica según diversos factores a tener en cuenta a la hora de cuidar al niño del sol:
En cuanto a los factores a tener en cuenta en relación a los UV y la piel del niño, es necesario señalar que no todos los niños son iguales frente al sol. Esto se relaciona con el fototipo de piel y la presencia de lunares. En cuanto al fototipo de piel, existe una clasificación basada en la aptitud de enrojecerse y/o broncearse a la hora de exponerse al sol e incluyen seis fototipos. Aquellos niños con piel blanca y fototipos 1 y 2 se enrojecen siempre y se pigmentan nada o muy poco, los tipos 3 y 4 se queman poco y se broncean bastante uniformemente y los niños morenos y de raza negra (fototipos 5 y 6) no se queman nunca y se broncean intensamente. Dado que la melanina es un fotoprotector natural, los fototipos altos tienen menos riesgos de daño solar. En cuanto a los lunares, los nevos melanocíticos congénitos y adquiridos pueden transformarse en melanoma en la adultez por estímulo de los UV.
Los UV causan múltiples efectos sobre la piel del niño que son acumulativos e irreversibles. Unos son inmediatos, como la quemadura solar y el bronceado, y otros aparecen tardíamente en la vida adulta, como el fotoenvejecimiento y el cáncer de piel. Los tumores inducidos por el sol incluyen los epiteliomas basocelular, espinocelular y el melanoma, en cuya aparición se sabe que intervienen tanto los UVB como los UVA. La potencial acción fotocarcinogénica de los UV aumenta con las exposiciones solares intensas y reiteradas durante las dos primeras décadas de la vida. Se concluye entonces que la disminución de la exposición solar en la infancia y el uso de pantallas solares pueden disminuir de forma significativa la incidencia del cáncer de piel. De acuerdo con la OMS, el cáncer cutáneo es el más frecuente en el mundo, mientras que el melanoma es el que más rápidamente está aumentando. Está bien documentado que uno de los factores de riesgo para la aparición de melanoma son las quemaduras solares en la infancia y las exposiciones solares intermitentes. Los UV también causan en la infancia dermatosis por fotosensibilidad, como el prurigo actínico o la erupción polimorfa solar, así como agravan enfermedades como las porfirias, lupus o xeroderma pigmentoso, que suelen tener manifestaciones a temprana edad.
La Fp tiene como objetivo la prevención del fotodaño en la piel a corto y largo plazo, y en los niños se deben extremar los cuidados, ya que son más susceptibles que los adultos a los efectos de los UV. Entre el 50 y 80% del daño inducido por la exposición solar que un individuo recibe durante toda la vida se produce durante la infancia y la adolescencia, momentos en los cuales, además, la exposición solar intermitente e intensa causa quemaduras que aumentan en el futuro el riesgo de desarrollar melanoma. Nos vamos a referir a las medidas de Fp exógenas que comprenden aquellas conductas de evitación y medidas físicas como el uso de ropa y cremas protectoras. En general, las estrategias de Fp en el niño incluyen:
Debido a que los niños reciben el triple de radiación que los adultos, ya que pasan más tiempo al aire libre, es básico disminuir el tiempo de exposición y enseñarles a adoptar comportamientos fotoprotectores. Destacamos:
Los fotoprotectores son sustancias que absorben, filtran, dispersan y reflejan los UV. Está demostrado que su uso disminuye el riesgo de desarrollar cáncer de piel y nevos que pueden transformarse en melanoma. La potencia del protector solar se refiere al factor de protección solar (Fps), que mide su capacidad de evitar el eritema solar inducido por los UVB. Algunos protectores filtran los UVA, factor importante para prevenir no sólo el riesgo de cáncer de piel al que los UVA también contribuyen, sino el fotoenvejecimiento (arrugas y manchas). En cuanto a los tipos de pantalla, se dividen en químicas u orgánicas y físicas o inorgánicas. Las primeras absorben los UV y los transforman en calor. Incluyen cinamatos, salicilatos, octocrilenos, benzofenonas, Mexoryl SX y Tinosorb S. Son cosméticamente agradables, pero presentan riesgo de reacciones alérgicas por contacto, por lo cual, por ejemplo, no se recomienda el Paba. El segundo grupo corresponde a pantallas minerales que actúan como barrera física dispersando los UV. Contienen partículas de dióxido de titanio, óxido de cinc, hierro, magnesio, mica, talco, caolín. Son muy seguras y no irritan ni sensibilizan. El óxido de cinc y el dióxido de titanio penetran hasta el estrato córneo y no hay riesgo de absorción sistémica. Las nuevas formulaciones micronizadas han mejorado la cosmética blanquecina de estos productos. Los filtros actuales son de amplio espectro y protegen contra los UVA y UVB. Las pantallas vienen en cremas, geles, spray, espumas y lociones, cuya perdurabilidad en la piel varía. Actualmente, los productos incluyen antioxidantes (vitaminas C y E) para prevenir el daño a partir de los radicales libres producidos por estímulo solar. Como usarlos:
Aunque las medidas de Fp son aconsejables en todas las edades, deben extremarse en la población infantil y en los jóvenes, que son más susceptibles a los efectos deletéreos inmediatos de los UV. Una cuestión importante es que son los padres los que deben ocuparse de la Fp de sus hijos cuando son pequeños y educarlos con el ejemplo. La FDA no recomienda la aplicación de fotoprotectores en niños menores de seis meses, para evitar la toxicidad debido a que la piel del neonato, por sus características, absorbe más. Tampoco se deben exponer directamente al sol sin ropas protectoras, ya que tienen menor capacidad de producir melanina y de transpirar (para la síntesis de la vitamina D son suficientes unos pocos minutos por día). En niños mayores de seis meses, los fotoprotectores recomendados deben tener un Fps mayor o igual a 25, deben proteger frente a los UVA y UVB, ser resistentes al agua y al frotamiento. En niños menores de tres años se aconseja limitar las exposiciones solares y evitar productos que contengan Paba y benzofenonas. Es importante fotoeducar en la infancia, debido a que está demostrado que los comportamientos que se adquieren en etapas tempranas de la vida pueden perdurar. De los 9 a 12 años los chicos se independizan de los padres en cuanto a la protección solar, por lo que ésta empieza a fallar. Lamentablemente, algunas campañas educativas a los niños no reflejaron cambios en las conductas preventivas frente al sol.
Es de vital importancia proteger a los niños de los efectos nocivos de las radiaciones UV y las medidas de Fp deben incluir conductas de evitación, protección con ropas, gorros y anteojos de sol, y el uso de fotoprotectores.
Como parte de una estrategia global, con el objetivo final de disminuir la incidencia de cáncer de piel, es necesario promover la Fp entre los padres e informarlos para hacerlo extensivo a sus hijos. En esta labor educativa se deben involucrar además de dermatólogos y pediatras, los farmacéuticos, que tienen en la atención en el mostrador una gran oportunidad, no sólo de vender protectores solares, sino de incentivar comportamientos que ayuden a evitar el daño que con los años el sol acarrea.
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